lunes, 15 de julio de 2013

En capítulos anteriores...

Casi un año sin escribir ni una entrada. Y casi en año en Stuttgart. Me han pasado muchas cosas, me he sentido de muchas maneras y he pensado un poco de todo. No creo que se pueda resumir todo.
Voy a usar esta entrada para hacer un breve resumen del año. Y espero darle más continuidad al blog y poder escribir cosas prácticas (que sirvan de ayuda a alguien, y no solo de entretenimiento a un par de amigos).
El que ha sido probablemente el mayor de los aciertos desde que estoy aquí lo tuve en agosto. Me apunté a un intensivo de alemán. Más que necesario aprender el idioma. Especialmente si no tienes un título universitario que ir enseñando a los posibles empleadores. Estuve dedicándome casi en exclusiva a aprender el idioma durante un par de meses, y me cundieron muchísimo. Después de eso, podía (a trompicones) conversar en alemán.
Dejé el curso para coger un trabajo de mierda que me salió. Vigilante de sala en un museo. La muerte a pellizcos. Descubrí nuevos niveles de aburrimiento, algunos de ellos fuera de lo humanamente soportable. Para colmo me tocó una jefa de lo peor que se despacha, lo que me hizo el trabajo insufrible. Aguanté hasta mitad de febrero, cuando se acabó la exposición en la que trabajaba.
Entretanto, mediante un amigo de Múnich, cogí un minijob como traductor. Fueron pocas las tareas, pero muy bien remuneradas.
Después traté de buscar trabajo en mi campo. Pero los alemanes son lentos para estas cosas. Recibía respuestas a currículos que había echado 40 días antes. Me desesperaba. Mis calificaciones parecían no impresionar a nadie. No sabía hacia donde tirar.
En todo eso, sin comerlo ni beberlo, encontré mi camino. Sucedió así:
Mi "jefe" de Múnich me pasó un posible trabajo: traductor simultaneo en una feria de joyería. Si bien ese trabajo finalmente no cuajó, sirvió para que decidiera visitar dicha feria. Pensé que sería buena idea ver qué había allí y, de camino, ver al tipo que tenía que contratarme para ofrecerme para otras cosas. Hablando con éste, repentinamente, se me encendió la bombilla. "¿No te gustaría tener un representante en Alemania?" Le pareció una gran idea. Así que recorrí la feria buscando a los expositores españoles. A la mayoría les pareció una buena propuesta, y de entre todos, dos cuajaron y se convirtieron en mis proveedores.
Así es como terminé siendo representante. Una vez más, autónomo, dependiendo de mí mismo (es decir, con el culo al aire). Resolví mil papeles. Me entrevisté con mil personas. Me di de alta en mil sitios. Y finalmente, comencé a trabajar (bueno, lo cierto es que ya estaba trabajando antes de arreglar la burocracia, ha sido un recurso literario).
Lo malo fue el "timing". Empecé a vender en una época en la que en Alemania no se vende nada. Así que ahora mismo estoy a punto de comenzar en un trabajo a tiempo parcial para no arruinarme en verano. Espero que el otoño me traiga todo lo que promete: grandes éxitos en lo laboral.