martes, 20 de agosto de 2013

En Alemania se habla alemán

Inspirado en entradas como esta, en la que se explican las diferencias culturales que existen de un país a otro, y a pesar de que probablemente haya más de 10 personas que hayan escrito sobre este tema mejor que yo, voy a dejaros una entrada sobre lo que os llamará la atención de Alemania.


Beben cerveza

Éste no es un tema naif. Los alemanes beben mucha cerveza. Y lo hacen de forma diferente a los españoles.
Por ejemplo: la edad mínima legal para el consumo de alcohol es 18 años, pero para cerveza, es 16. Y aunque no es frecuente ver a chavalines bebiendo, tampoco es lo más extraño.
Por defecto, una cerveza es de medio litro, y no de 25 cl (o 20 cl) como en España.
La cerveza no es bebida de pobres. Es lo más habitual que veras pedir en la barra de un bar de copas o una discoteca. El cubata es algo mucho menos frecuente.
No puedes llegar a un sitio y pedir "una cerveza" (ein Bier), porque te van a preguntar que qué cerveza quieres. Esto no es España, aquí a la cerveza se la venera como allí al vino. Deberás especificar, como mínimo qué tipo de cerveza quieres (Weißbier, Helles, Pils, etc). Si quieres que te sorprendan con la marca habitual del local que estás visitando, puedes pedir "eine Halbe" -un medio (litro)- y puede que no te hagan más preguntas.
Nota: una cerveza de las españolas es una "Pils". Son similares la "Helles" y la "Export". Una "Radler" es una clara con limón.

Doble rasero

El alemán es un tipo acostumbrado a lidiar con inmigrantes. Aquí lleva viniendo gente a trabajar desde hace siglos. Como tal, te respetan y te ayudan. Son amables, pacientes y corteses. Pero esperan algo de ti: que tengas un respeto exquisito por sus normas. Un respeto que probablemente ellos no tengan.
Por ejemplo: te van a exigir puntualidad, y te dirán que si vas a llegar tarde por causa de fuerza mayor, que avises sin falta. Pero te has a hartar de esperar a alemanes. Ellos no son ingleses, y sí que llegan tarde.
Podrás ver un camión con sus 6 ruedas subidas en la acera descargando mercancía, pero llegará un alemán a tocarte las narices, golpeando con los nudillos la ventanilla del coche donde estás esperando a un amigo, para decirte que allí no se puede uno parar.
En resumen: al alemán le gusta aleccionar a los que vienen de fuera. En cierto modo es práctico, pues te van inculcando unas normas que facilitarán la convivencia. Y lo veo totalmente razonable: es su país, son sus normas, aquí el nuevo soy yo. Pero es, con toda seguridad, una tocada de pelotas mayúscula.
Aún así, insisto: los alemanes son con los inmigrantes respetuosos, pacientes, colaboradores y simpáticos.

No toques mi coche

En serio, los coches de los demás, no se tocan. No se rozan. Da igual qué coche sea, aunque sea un Skoda de 1985, ese coche no se toca. No se sienta uno en el capó. No se apoya uno sobre él para fumar un cigarro. No se le da un "besito" al aparcar. Es algo que debes tomar como un dogma de fe: no se debe tener ningún tipo de contacto físico con un vehículo ajeno. En esta entrada puedes ver más.

La cuestión del idioma

A ver, tal y como reza el encabezado, en Alemania, por extraño que parezca, lo que se habla es alemán. Así por comentaros, para mí es, excluyendo el español, la cuarta lengua que aprendo (o intento aprender). Y es, con diferencia, la más difícil. Si tú, amigo lector, hablas inglés, debo decirte que ese es probablemente el idioma más sencillo sobre la faz de la tierra. Un dato para ilustrarlo: el inglés tiene un sólo género y no se declina nada. El alemán tiene 3 géneros que se declinan en 4 casos diferentes y de 3 modos distintas (3x4x3 = 36 formas).
Los alemanes lo saben y actúan en consecuencia: tú intentas hablar alemán y el tipo/la tipa te contesta en inglés en el momento en que detecta que tienes la mínima dificultad. Ellos, por norma general, hablan buen inglés, así que no les cuesta trabajo, y, como ya he dicho, son colaboradores y pacientes.
Ahora bien, eso es en la calle. Si quieres trabajar, tendrás que hablar alemán. Mejor o peor, pero tienes que hablarlo. Y sobre todo, entenderlo sin problemas. En extrañas ocasiones o trabajos muy cutres te darán una oportunidad si no hablas nada de alemán.

Despídete... 3 o 4 veces

Aquí sigo siendo un maleducado. Yo en España, después de decir en una tienda "Gracias, hasta luego", me marcho y punto.
Aquí no. Aquí, después del "Gracias" te contesta el dependiente "De nada". Casi te vas, pero te acuerdas y le dices "Hasta luego". Te contesta "Hasta luego", te das media vuelta, das un paso y te suelta un "Adios". Tú ya estabas de espalda, yéndote sin despedirte según el protocolo, como un malcriado. Así que te giras y dices "Adiós" y reemprendes la marcha. Entonces escuchas "Que tenga un buen día". Y ya te das por jodido. Es que no tienes modales. Desesperas. Asumes que estás dejando a tu patria a la altura del betún. Giras el cuello, tímidamente sueltas un "Igualmente", miras al frente, agachas la cabeza avergonzado y rezas porque no vuelva a despedirse de ti el tipo.

El que no corre, se cuela

¿Quién dijo que los españoles no saben hacer cola? Por ahí lo he leído, y es probable que sea cierto. Pero el que es un auténtico maestro de las colas es el alemán.
Sí, el alemán. Ese tipo cívico, que no solo tira el vidrio en el contenedor de vidrio sino que tiene 3 contenedores de vidrio para el transparente, marrón y verde (literal). Ese tipo que ni piensa en cruzar la calle con el muñequito rojo del semáforo encendido. Ese tipo, ¡ése!, como pueda, se te cuela. Ojito con los alemanes en las colas o jamás llegarás a la ventanilla.

El alemán se prepara

Se prepara con antelación. Con mucha antelación.
Que un alemán que vaya a irse de vacaciones en septiembre... habrá concertado con alguien desde junio (o incluso antes) para que le vaya a cuidar el gato. Y no es una exageración, es un hecho constatado. Es sorprendente la cantidad de tiempo con la que pueden anticipar las eventualidades.
"¿Y a mí qué me importa?" dirás. ¡Te importa! Porque todo se hace con tiempo. Con mucho tiempo.
¿Quieres alquilar una habitación o un piso? Pues si lo quieres para enero, empieza a buscar en octubre, para que te entrevisten en noviembre, te confirmen en diciembre y te incorpores el 1 de enero.
Si vas buscando trabajo, tres cuartos de lo mismo. Salvo excepciones, las entrevistas son meses antes de la incorporación.

Cada alemán son 2 alemanes

Para terminar, una nota que te va a ayudar a comprender a este pueblo. Los alemanes tienen dos personalidades bien diferenciadas: dentro y fuera del trabajo.
Cuando llegué pensé que el mito del "cabeza cuadrada" era una tontería sin fundamento. Poco a poco vas viendo que existe un alto porcentaje de gente cuadriculada, pero sólo detrás de un mostrador. La puntualidad no es su mayor virtud, pero si se trata de un tema laboral, la cosa cambia y son más serios. Y así con otros muchos aspectos.
Si bien ellos son más "formales" que nosotros, donde realmente se nota una diferencia y los tópicos a los que estamos acostumbrados se hacen realidad, es en el ámbito laboral. En lo personal, no son tan distintos.
Esto da para una entrada entera... o para una serie de ellas, ya que otras muchas cosas son falsas (por ejemplo, su productividad es baja). Ya me extenderé sobre este asunto.

sábado, 3 de agosto de 2013

Dioses con 4 ruedas

Al llegar inscribirte como habitante de una ciudad en un ayuntamiento alemán (vamos, empadronarte) te preguntan tu religión. La mayor parte de los alemanes son católicos o protestantes. Hay una gran minoría musulmana (montones de turcos e inmigrantes procedentes de países islámicos). Pero ninguno declara su auténtica religión: los alemanes practican la adoración al automóvil.

Un coche en Alemania no es considerado del mismo modo que en España (ni ningún otro país que yo haya conocido). Los tetutones veneran sus Mercedes, BMWs, Audis e incluso Citroëns. Mantienen su coches limpios y bien cuidados, revisados, con intactas llantas que jamás han rozado un bordillo. Es muchísimo más fácil ver un Ferrari, Maserati, Tesla, Lamborghini o Aston Martin (no menciono Porsche porque es, literalmente, un coche frecuente aquí) que un coche con una abolladura o arañazo. Y esto último no es una exageración, es un hecho que se puede constatar con facilidad.

Hay una serie de normas y curiosidades alrededor de los coches que detallo a continuación:
  • No puedes sentarte sobre el capó de ningún coche aparcado (salvo que se tu coche, claro). Y más aún, tampoco puedes reclinarte o apoyarte sobre él. En pocas palabras: el coche ajeno no se toca, y punto.
  • No debes tocar los coches de delante o detrás al aparcar. Es en España práctica frecuente "dar un besito" al aparcar. En Alemania eso NO SE HACE. Y si tocas alguno de los coches, debes examinar detenidamente el coche afectado al terminar la maniobra para dejar tus datos del seguro en caso de que haya alguna marca del siniestro.
  • La posesión y uso de un coche es respetada por personas e instituciones. Por ejemplo, aparcar en prohibido, siempre y cuando no sea un claro estorbo para los demás, no está perseguido como en otros sitios. Montar medio coche en la acera de una zona peatonal no será motivo de sanción si no abusamos de este privilegio. Es posible llegar en coche hasta el centro de cualquier ciudad (olvídate de cascos históricos peatonalizados). Las multas de tráfico, si bien se ponen y llegan eficientemente (si tienes matrícula alemana), son de importes más que razonables.
  • Los talleres se preocupan del coche más allá de lo que el cliente pueda requerir. Si intentas practicar alguna reparación "pachanguera", se negarán a hacerla. Seguir las indicaciones del fabricante para la revisión es aquí algo que se practica con exquisita rigurosidad. Sin ir más lejos, el precio de la revisión básica de mi coche (un Smart Forfour) en un taller no oficial cuesta 250€ (en caso de que no haya que reparar nada). Mis amigos han pagado respectivamente en la Renault y Peugeot 320€ y 400€ por sus Clio y 207 básicos.
  • El tunel de lavado es poco menos que una cutrez. Y aún siendo una cutrez, no pagarás menos de 8€ por el lavado más económico. Un lavado barato, a la alemana, te costará 35€ (interior y exterior).
  • Ser abonado de ADAC (lo que en España es RACE) es aquí lo habitual.
Para terminar, os comento algo sobre el parque móvil tudesco. Sin contar excepciones, la edad media del coche la estimo yo en unos 4 años. ¿Adónde mandan los coches más viejos? Ni idea. Hay algunos coches con más edad, pero son o bien modelos que han dado un resultado especialmente bueno (es decir, hay modelos en particular que sí se ven con 10 años) o bien coches clásicos. He llegado a ver un DeLorean circulando.
Les encantan los buenos coches. Como ya he dicho, el Porsche es un coche más que frecuente aquí. Y no pasa un día sin que veas al menos 10 coches de altísima gama (Ferrari, Lamborghini, Aston Martin, Maserati, Bentley, etc). Por algún motivo que no alcanzo a comprender, también son frecuentes las americanadas tipo Mustang, Corvette, Camaro y demás.
Se podría decir que el coche medio aquí es el Mercedes/BMW/Jaguar o similar. Y el alemán no compra el básico: se lo compra full-equipe. Y aunque el tuning no es raro, no hacen las barbaridades que se ven en España: una mejora de llantas, algún alerón discreto o cosas así y "voilá": ahí tienes un Mercedes SL500 con otros 5000€ de tuneo encima.

lunes, 15 de julio de 2013

En capítulos anteriores...

Casi un año sin escribir ni una entrada. Y casi en año en Stuttgart. Me han pasado muchas cosas, me he sentido de muchas maneras y he pensado un poco de todo. No creo que se pueda resumir todo.
Voy a usar esta entrada para hacer un breve resumen del año. Y espero darle más continuidad al blog y poder escribir cosas prácticas (que sirvan de ayuda a alguien, y no solo de entretenimiento a un par de amigos).
El que ha sido probablemente el mayor de los aciertos desde que estoy aquí lo tuve en agosto. Me apunté a un intensivo de alemán. Más que necesario aprender el idioma. Especialmente si no tienes un título universitario que ir enseñando a los posibles empleadores. Estuve dedicándome casi en exclusiva a aprender el idioma durante un par de meses, y me cundieron muchísimo. Después de eso, podía (a trompicones) conversar en alemán.
Dejé el curso para coger un trabajo de mierda que me salió. Vigilante de sala en un museo. La muerte a pellizcos. Descubrí nuevos niveles de aburrimiento, algunos de ellos fuera de lo humanamente soportable. Para colmo me tocó una jefa de lo peor que se despacha, lo que me hizo el trabajo insufrible. Aguanté hasta mitad de febrero, cuando se acabó la exposición en la que trabajaba.
Entretanto, mediante un amigo de Múnich, cogí un minijob como traductor. Fueron pocas las tareas, pero muy bien remuneradas.
Después traté de buscar trabajo en mi campo. Pero los alemanes son lentos para estas cosas. Recibía respuestas a currículos que había echado 40 días antes. Me desesperaba. Mis calificaciones parecían no impresionar a nadie. No sabía hacia donde tirar.
En todo eso, sin comerlo ni beberlo, encontré mi camino. Sucedió así:
Mi "jefe" de Múnich me pasó un posible trabajo: traductor simultaneo en una feria de joyería. Si bien ese trabajo finalmente no cuajó, sirvió para que decidiera visitar dicha feria. Pensé que sería buena idea ver qué había allí y, de camino, ver al tipo que tenía que contratarme para ofrecerme para otras cosas. Hablando con éste, repentinamente, se me encendió la bombilla. "¿No te gustaría tener un representante en Alemania?" Le pareció una gran idea. Así que recorrí la feria buscando a los expositores españoles. A la mayoría les pareció una buena propuesta, y de entre todos, dos cuajaron y se convirtieron en mis proveedores.
Así es como terminé siendo representante. Una vez más, autónomo, dependiendo de mí mismo (es decir, con el culo al aire). Resolví mil papeles. Me entrevisté con mil personas. Me di de alta en mil sitios. Y finalmente, comencé a trabajar (bueno, lo cierto es que ya estaba trabajando antes de arreglar la burocracia, ha sido un recurso literario).
Lo malo fue el "timing". Empecé a vender en una época en la que en Alemania no se vende nada. Así que ahora mismo estoy a punto de comenzar en un trabajo a tiempo parcial para no arruinarme en verano. Espero que el otoño me traiga todo lo que promete: grandes éxitos en lo laboral.