miércoles, 1 de agosto de 2012

Academia o trabajo: el huevo o la gallina

Estás en un país extranjero. Todo cuesta caro, porque es así. Pero como además no es tu entorno, a ti te cuestan las cosas especialmente caras. Eso por torpe.

Así que parece que lo primero es buscar un trabajo. Lo antes posible. Hay que generar ingresos para cubrir tanto gasto. De modo que intentas redactar una carta de presentación decente. E intentas hacerlo en alemán, para que el que la reciba no la deseche sin mirarla. Entonces te das cuenta: no sabes un carajo de alemán. Creías que sí, que al menos lo básico lo llevabas, pero es mentira. Sólo sabes pedir una cerveza y poco más.

Entonces piensas que lo que realmente necesitas es una academia. Buscas y buscas. Son caras. De 300€ al mes no bajas por un intensivo. Además en agosto son escasas las que están en funcionamiento. Casi todos los cursos empiezan en septiembre. Pero eso es demasiado esperar: ya has llegado a la conclusión de que necesitas aprender rápidamente. No hay un día que perder.

Por otro lado, no puedes dejar de buscar trabajo. Si vas a apuntarte a la academia, necesitas dinero para pagarla. Pero si estás en un intensivo de alemán, ocupas con eso al menos 4 horas diarias, así que si encuentras trabajo, no vas a poder ir al curso. Y si lo has pagado, pierdes el dinero.

¿Y entonces qué?

Pues entonces localizo una academia (Henke-Schulungen) que me hace un increíble descuento si me doy de alta como residente en el ayuntamiento. De 305€ a 120€ :D
Entonces vas al ayuntamiento y les dices que vives allí, les das una dirección y como eres ciudadano de le UE, no te ponen problema ninguno. ¡Viva Robert Schumann!

De modo que la semana que viene ich bin ein Stuttgarter oficialmente, y dentro de dos semanas comienzo a dar clases de alemán... y mientras tanto, con el corta-y-pega y mucha ayuda de Fabián me he compuesto una carta de presentación decente.

La rueda comienza a girar.