sábado, 28 de julio de 2012

Consejos e impresiones para viajar por Europa

Después de haberme hecho la pechá de kilómetros que me he hecho y de haber visitado tantas ciudades, he aprendido unas cuantas cosas que pueden ser útiles si vas a visitar esta zona.

Si no sigues el blog y has llegado aquí por un buscador o similar, te pongo al día: salí de Sevilla, pasé por Lyon, Stuttgart, Luxemburgo, Bruselas, Brujas, Gante, Utrecht y Colonia. Todo este viaje me lo he hecho en mi coche y me he alojado en albergues, camping y couchsurfing.

Lo primero, los precios de la gasolina.
Primera nota: es mucho más barata en pueblos y ciudades que en autopistas. Y llega a haber diferencias de hasta 15 céntimos por litro. Conviene desviarse para repostar.
Los precios varían de un país a otro, pero no demasiado (excepto en Luxemburgo). Más o menos, me he encontrado esto (gasolina sin plomo 95): España 1,44€/l, Francia 1,62€/l, Alemania 1,56€/l, Luxemburgo 1,39€/l, Bélgica 1,65€/l, Holanda 1,72€/l.

El límite de velocidad es en general 130 km/h.
En Alemania no hay límites en determinados tramos de autopista y en otros sí. Simplemente haz lo que veas que hacen los demás, porque donde no hay límites siempre verás gente a 180 km/h o más (a veces mucho más).
Las autopistas son gratuitas en todos sitios menos en Cataluña y Francia. En Francia viene a costar unos 8€ cada 100 km de promedio.

Es más frecuente que en España encontrar atascos en las autopistas, incluso lejos de grandes ciudades. Tenlos en cuenta para calcular los horarios. De mayor a menor número de atascos, yo hago esta clasificación: Francia, Alemania, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, España. Aún así, done más rápido se avanza es en Alemania. Donde menos, en Francia o Luxemburgo (este último tiene pocas autopistas).
En la ciudad se respetan muchos los límites de velocidad. En las autopistas no tanto.

El tabaco viene a costar unos 5€ el paquete. En Luxemburgo es más barato, aunque no demasiado.

En general hay parkímetros en todas las ciudades y son difíciles de evitar. En Utrecht es especialmente alarmante, ya que abarcan zonas muy amplias, son carísimos y llegan a funcionar también durante la noche (yo pude aparcar gratis aquí).

Comer en la calle y salir de cervezas es algo más caro que en España, pero no demasiado. De hecho, es más caro que en Sevilla, pero no que en Madrid, por ejemplo. Generalmente la cerveza (250 o 330 cl) te costará entre 1,60 y 2,20€. Para la comida la diferencia es aún menor.
En Alemania sólo algunas mujeres piden cerveza de menos de medio litro, que viene a costar entre 2,60 y 3,20€.

Todo el mundo habla inglés. Y probablemente algún tercer idioma también (quizás sea español). Aún así, agradecen cuando intentas hablar la lengua local y te contestan en la misma lengua.

Conocí en Bélgica los mapas-guía (gratuitos) de Use-it. Son muy prácticos y completos. Si tienes uno de estos, no necesitarás más guía. No sólo para monumentos, sino también dónde comer, salir, etc. Todo pensado en plan alternativo y barato (o gratuito). Bichea su web y mira si hay disponible mapa del sitio que vas a visitar.

Mi corta experiencia como couchsurfer ha sido genial. Lo recomiendo mucho. No sólo ahorras, sino que conoces buena gente.
Consiste en quedarte en casa de gente que te ofrece cobijo. Así, por la cara, como suena.
Visita la web, hazte un perfil y úsalo. Vale la pena.

Los campings están bastante bien. El ambiente no es como en España: son personas a las que les gusta el camping, no que quieren gastar menos. Los precios varían, pero yo contaría con unos 10€ por persona y noche. Ojo, necesitarás saco de dormir, aquí puede hacer frío en verano.

Si vas a ir de albergues, lleva un candado: te hará falta para las taquillas.

Ya no existen wifis abiertos en ningún sitio. Si vas a necesitar internet, preocúpate de que lo haya en el sitio donde vayas a quedarte.
Las llamadas telefónicas dentro de un país extranjero con tu móvil español salen baratas (más o menos lo mismo que llamar a tu país). No te alarmes demasiado si tienes que usar tu móvil para llamar a tu albergue o tu couchsurfer. Los mensajes pueden llegar a ser hasta más baratos que si estás en España. Usar el 3G es caro; desactiva los datos antes de llegar.
Comprar una tarjeta SIM local no siempre es sencillo: quizás tengas que registrarla en internet para que funcione.

Creo que eso es todo.

Días 13 y 14 - 25 y 26 de julio (fin del viaje)

Despertar: 7:20 y 8:30 Rumbo: Colonia y Stuttgart
Kilómetros: 626 Personas: 0
Tiempo: soleado y caluroso Ciudades: 3
Pernocta: Colonia Gasto: prefiero dejar de calcularlo

Antes de dormirme tuve la ocasión de hablar con Alexia (τέλεια συγκατοίκου μου) por Skype y Beltrán (mi hermano) por teléfono. Y como tenía bastantes ganas de hablar con ambos, a pesar de tener que susurrar por la hora que era, estuve un buen rato. Así que cuando sonó el despertador a las 7:20 estaba bien jodido.

Alex y Maryam me habían recomendado ir al Palacio de Soestdijk, así que me dirigí allí antes de abandonar Holanda. Fue un error. Primero porque estaba algo más lejos de los que había calculado y en dirección contraria. Y segundo porque me lo encontré cerrado.

Volver a tomar la autopista me llevó un buen rato. Había estado trasteando en las opciones del GPS y me costó caro.

Llegué a Colonia sobre las 14h.
Ningún couchsurfer me había dado una respuesta afirmativa, así que fui directamente al HI hostel que había localizado el día anterior. 21€ sin desayuno. Las instalaciones muy buenas y el personal amable. Además estaba situado al lado de la catedral. Lo único malo es que no tenía parking y allí es todo parkímetro y carísimo (2€ la hora).
Por confusión dejé el coche en un sitio de parkímetro y no le puse tique. No pasó nada, no me multaron. ¡Perfecto!

Otra sesión de Skype con Alexia, almuerzo rápido hecho en la cocina del albergue y a pasear por la ciudad.

Colonia no tiene nada que ver. Sólo la catedral vale la pena. Estuve un buen rato pateándome el centro y no encontré nada más de interés. No entendí por qué la guía que llevaba la pone por las nubes.

A las 19h estaba ya para el arrastre. Pero preferí seguir dándole oportunidades a la ciudad. Fue para nada.
A las 21:30 ya estaba yo en la habitación echado en la cama. Charlé un ratillo con dos brasileños que iban a compartir el cuarto conmigo. Chateé un rato por el móvil y me eché a dormir. No podía creer lo cansado que estaba.

Por la mañana me levanté temprano. Había comprendido el asunto parkímetro y quería retirar el coche antes de que comenzara la hora de pagar.

Fui a desayunar al Rheinpark y luego visité la EL-DE Haus, que la recomendaba la guía y mi amiga Samantha.
Es una antigua "comisaría" de la Gestapo, donde puedes ver las celdas, las demás instalaciones, leer las inscripciones hechas por los presos en las paredes y leer los testimonios de familiares y supervivientes. Muy interesante.
En las plantas altas tiene una exposición sobre el afloramiento y triunfo del nacismo, pero al estar entera en alemán, me enteré de poco.

De ahí a Stuttgart de vuelta. Y con muchas ganas de llegar por fin.
Fueron alrededor de 4 horas de autopista. Muchos tramos sin límites de velocidad donde vas a 150 km/h y de repente tienes un Mercedes pegado al culo pidiéndote paso.

Sobre las 17:30 llegué a "mi ciudad" y "mi casa". Algo triste por que se acabara el viaje, pero aliviado por poder descansar y establecerme.

En la casa estaba la hermana, la madre y el primo de Fabián. Esperamos a que él llegara y fuimos a tomar una cerveza al biergarten vecino. La cosa se alargó hasta más de la 1.

miércoles, 25 de julio de 2012

Días 12 y 13 - 23 y 24 de julio (lunes y martes)

Despertar: 9:30 y 7:20 Rumbo: Utrecht
Kilómetros: 190 Personas: 2
Tiempo: Soleado (hasta calor) Ciudades: 2
Pernocta: Utrecht Gasto: mucho, no sabría decir

Después del domingo, y sabiendo que abandonaba al día siguiente Bruselas, me puse el despertador, pero no demasiado temprano. No quería perder el tiempo, pero también quería descansar.

Me levanté, duché, cargué las cosas en el coche y me puse en marcha. Ni un minuto que perder.
Antes de dejar Bruselas quería ver la zona de las administraciones de la unión europea. Y una vez vistas os puedo decir una cosa: os la podéis saltar, no hay nada que ver. Si vais a estar mucho tiempo allí, vale, pero dejar algo o perder tiempo allí es "pa na".

Antes de ponerme en ruta quise repostar, lo cual resultó un parto, cagontó!!!
De entrada se negaron a cambiarme el billete de 200€ que tenía. Busqué un banco. Le pagué por 30€ pero la máquina me echó 29,70€ (parece que el dependiente se quería cobrar una comisión a mi costa). Entré para reclamarle eso y la diferencia de precio entre el cartel y el que me habían cobrado (de 1,71 a 1,68 €/l). Entre una cosa y la otra me entretuve allí 20 minutos, pero puse las cosas en su sitio. Hay piratas en to's laos, no solo en España.

Después carretera. Una vez más, crucé la frontera sin darme cuenta. Encima, como en parte se habla el mismo idioma, aún más complicado saberlo.
Paré a comer en un McDonalds y tuve que preguntarle a la dependienta en qué país estaba.

Esa noche iba a alojarme en casa de una pareja de couchsurfers. Tenía un número de teléfono (sin prefijo internacional, no sabía bien cómo llamar), una dirección y una hora. Desde el McDonalds mandé otro mensaje por la web y decidí aparecer directamente en el sitio.

Tardé poco en llegar a Utrecht. Aún quedaba un rato para la hora en cuestión, así que me di un paseo por la ciudad.
Holanda odia los coches, especialmente en los cascos urbanos, así que cuesta aparcar sin tener que pagar un huevo por ello (y cuando digo un huevo, digo zona azul de 4€ la hora). Pero, aquí un servidor, lo consiguió.
Sin plano, sin planes, simplemente vagué por las calles durante las dos horas de que disponía.

Utrecht es una pasada. El casco histórico lo tiene todo: rinconcitos, grandes edificios, bonitos jardines, tranquilidad y vidilla. Todo, en serio. Ninguna calle está desierta, y ninguna calle está atestada. Hay terrazas con gente y jardines tranquilos, calles comerciales y callejones encantadores, canales con patos y barcos con fiestas. Es una de las ciudades en las que da pena no vivir una temporada.

Cogí el coche para ir a conocer a mis nuevos "caseros". Vivían en el extrarradio, y eso me dio la oportunidad de conocer otra nueva faceta de la ciudad: no es sólo un bonito casco histórico, sino que cuenta con un parque tecnológico y un ensanche con una arquitectura muy moderna y que le da a la ciudad una nueva dimensión económica. Mis enhorabuenas a los alcaldes que han confeccionado aquello.

Alex y Maryam no esperaban ya mi visita. Al no haber llamado, no contaban conmigo, y habían estado  muy ocupados para leer el mensaje que les dejé por couchsurfing. Su piso era de nueva construcción, muy moderno, muy limpio, muy bonito. Daba gusto estar allí, hasta me daba algo de corte.

Me alojaron con una gran sonrisa y mucha timidez. Ellos estaban más nerviosos que yo, creo. De cuando en cuando se disculpaban por tener cosas que hacer y no estar conmigo. ¡Y eso que en cada pausa de su trabajo aprovechaban para cruzar unas palabras con el visitante! Yo estaba encantado de estar allí, y me parecía lo más normal del mundo que tareas.

Todos nos fuimos pronto a la cama. Maryam tenía una importante entrevista temprano al día siguiente, Alex la acompañaba y yo estaba cansado.

Como es normal, no querían que yo me quedase solo en la casa, así que tuve que despertarme para salir de ella tan pronto como Alex. A las 7:20 estaba sonando mi despertador. Me invitó a un café, dejó que me preparara un sandwich y salimos. Aproveché que estaba empecinado en llevar mi coche para dejarle en la puerta de su oficina.

Hoy tenía pensada una visita más organizada. Como tenía una guía que Maryam y Alex me habían prestado, hice un itinerario. Compré la visita a la torre del Dom, que me la pusieron a las 12 y me di un paseo.Ya casi lo había visto todo el día anterior, aunque sin saberlo.

La visita a la torre, aun sin ser el novamás, es obligada. Aparte de las pinceladas de historia de la ciudad que te da la guía, la panorámica desde lo alto es fundamental. El día estaba muy despejado y pude incluso divisar Amsterdam desde allí. Después enfilé el parque Wilhelmina, que me había recomendado Tere por facebook. Estaba "petao" de gente aprovechando uno de los primeros días de sol que habían tenido en 2 semanas. Yo me hice pasar por un lugareño, me quité la camiseta y me tiré en el cesped. Estuve allí escuchando música y fumando un porrito (estaba en Holanda, qué menos) hasta que el sol me echó. Raro que los holandeses aguantasen y el español tuviera que marchar...

De allí enfilé los puntos recomendados por la guía. Muy bonito todo, pero no hace falta guía. La ciudad es simplemente bonita, en cada rincón. Nadie tiene que decirte qué ver. Y lo más reseñable, la torre del Dom se divisa desde casi cualquier parte de la ciudad.

Como a veces me pasa, se me habían pasado las horas sin probar bocado y estaba muriendo de hambre. Hice la gran horterada de pararme en un bar de comida española. Eso decía en el cartel, pero la comida no tenía nada que ver con la nuestra. Allí comí unas extrañas albóndigas con patatas fritas y un par de cervezas. Hablé un poco con la camarera, que me confirmó que el cocinero no era español (ni probablemente nunca habría probado la comida española). No es que estuviera malo, es que simplemente no tenía nada que ver con lo nuestro.

Luego busqué el Cafe Olivier's, que supuestamente también me había recomendado Tere. Allí tomé otra cerveza (comencé a encontrarme contento). Intenté quedar con Alex para invitarle a una, pero me dijo que iba directo a casa, a esperar a Maryam que traía buenas noticias. Me alegré de que consiguiera el proyecto.

De vuelta al coche me crucé con el België Kafee, que probablemente era lo que me quería haber recomendado Tere. Pero llegaba tarde y ya había bebido suficiente. Además, Alex y Maryam me esperaban para cenar. La cena (que comí casi sin hambre debido a las albóndigas) consistió en unos noodles al curry y ensalada. A eso le siguió la cerveza de la celebración de éxitos y una agradable charla.

Supe entonces que Maryam era en realidad Iraní, a pesar de hablar fluidamente flamenco. Había llegado a los 22 años a Holanda, conocido a Alex y re-comenzado su vida allí. Tuve ocasión de conocer la impresión de alguien de mi edad que había vivido en el régimen iraní, y la de su marido, que lo había vivido en segunda persona. Interesantes historias, hacen que la vida de uno parezca un folio en blanco.

De nuevo prontito a la cama. Mañana toca madrugar de nuevo y algo de coche. Por fin vuelvo a Alemania y enfilo Stuttgart. Estoy disfrutando de esto, pero quiero volver a algún sitio que pueda llamar "casa".

lunes, 23 de julio de 2012

Día 12 - 22 de julio (domingo)

Despertar: sobe las 12 Rumbo: Brujas y Gante
Kilómetros: 220 Personas: nuevas, ninguna
Tiempo: soleado Ciudades: 2
Pernocta: Bruselas Gasto: 40

Pasé de ponerme el despertador. Me había acostado tarde y contento, así que nada de horarios mañana.
Me levanté sobre las 12. Duchita, crispis y pa'l coche.

Margaux se vino conmigo. Íbamos a visitar Brujas y Gante. Yo tenía mucha ilusión: por fin iba a quitarme la espinita que tenía con Brujas.

En algo menos de una hora estábamos ya en Brujas. Para los Belgas, eso es una distancia grande para conducir, según me estuvieron contando Max y Magaux.

Se puede aparcar sin pagar justo a la entrada de la ciudad, y así lo hice.
Lo primero que hicimos fue buscar dónde comer. Tenía un mapa similar al de Bruselas y tiramos de él. Fuimos a un acogedor sitio (L'Estaminet, en Park) donde nos atendieron amablemente (tal y cómo prometía el mapa) y nos sirvieron rica comida local. Yo me decanté por unas croquetas de pescado y camarones que estuvieron bastante ricas, aunque el plato me resultó algo escaso. Margaux tomó un extraño croque-monsieur redondo y muy relleno de queso.

Luego, siguiendo el consejo del mapa, pasamos del mapa (valga la redundancia) y nos perdimos por las calles caminando sin rumbo.
Brujas es preciosa, tal y como promete. No se trata de grandes edificios ni imponentes monumentos, sino de pequeñas callejuelas con mucho encanto, bellos rincones encondidos, sinuosos canales dividiendo los barrios, bonitas terrazas en las que pararse...
Por otro lado, está atestado de turistas. Hay demasiado, no se puede andar con comodidad por ningún sitio.

Antes de salir de allí de camino a Gante, Margaux me mostró una tienda de souvenirs muy peculiar: todos productos belgas para degustar. Desde cervezas a chocolates pasando por salsas, golosinas, licores, etc. Se llamaba algo así como bbe y está en Wollestraat. Allí compré un set de 8 cervezas belgas diferentes que tengo la intención de liquidarme con Fabi al llegar.

Tras eso cogimos el coche y pusimos rumbo a Gante.
De la ciudad os puedo decir que es bonita y poco más. No pude verla bien, pero fue por un buen motivo: había un festival de música, puestos callejeros, cerveceo y demás por toda la ciudad (el Gentse Feesten). El ambiente era genial. Caiminabas y caminabas por la ciudad y no paraba de haber escenarios, gente divirtiéndose, puestos de artesanía, artistas callejeros, etc. Si os pilla por la zona, no dudéis en pasaros.
Me comí por fin allí un gofre (waffle dicen ellos), que aún no lo había hecho. Y compré unas golosinas típicas de Gante.

Nos dimos un buen paseo por la ciudad. Es también muy bonita. De otro estilo a Brujas. Por supuesto, tiene su canal, pero esta en lugar de pequeñas casas, saca su belleza de los grandes edificios: iglesias, unviersidad, conventos, etc. Y tiene también su canal que le da ese toque especial a las ciudades de la zona.

Cuando estuvimos agotados, nos sentamos a tomar una cerveza y descansar. Y de ahí al coche y a emprender el regreso a Bruselas.

Margaux tenía que levantarse muy temprano, así que al poco de llegar se fue a la cama. Max se fue de cerveceo. Yo subí al dormitorio y me puse con el ordenador a escribir sobre los 3 últimos días, cosa que me llevó un buen rato, y luego a dormir.

Día 11 - 21 de julio (sábado)

Despertar: 8:30 Rumbo: Ninguno
Kilómetros: 10 Personas: 2
Tiempo: Nublado Ciudades: 1
Pernocta: Bruselas Gasto: 25€

Hoy se plantea un día interesante.

De entrada conoceré a mi primer casero de couchsurfing. Por otro lado, es sábado. Y para terminar, es el día nacional de Bélgica y yo estoy en su capital.

El desayuno de este hostel no es tan bueno como el de Luxemburgo. Lo cierto es que el hostel en general es peor que el otro.

Tas desayunar, recojo mis cosas y las meto en el coche. Hablé al hacer el check-out con el chico de recepción, que no me puso problema ninguno en que dejara el coche en el parking el tiempo que quisiera.

Los indonesios (porque eran dos, lo supe hoy) estaban aún buscando alojamiento. Los de couchsurfing no les contestaban, así que se estaban decidiendo por un camping que les había comentado el día anterior. Me pidieron que les llevara en el coche para no tener que pagar transporte, y acepté. Me cité con ellos a las 12 en el hostel. Antes de salir les dí el contacto de uno de couchsurfing que se había ofrecido a hospedarme y que yo no iba a aprovechar.

Hice una pequeña ruta que estaba recomendada en el mapa. Tuve ocasión de conocer el jardín botánico, la estación del norte y el barrio rojo de Bruselas. Esto último me sorpendió: no sabía que aquí también hay putas en escaparates (y de buena mañana, por cierto).

Luego subí al Parking 58 desde el que se divisan unas vistas cojonudas sin tener que pagar un duro.

Sobre las 12:30 estuve en hostel de vuelta. Los indonesios habían contactado con el tipo de couchsurfing con éxito, así que se quedarían en su casa. Buena noticia, ya no tenía que mover el coche.

Volví a salir a la ciudad. Quedaba menos para mi cita con Margaux (como se llama la que me hospedaría en su casa). Aproveché para comer unas patatas fritas con salsa andalouse y pasear.
En unos puestos de artesanía me encontraron las dos chicas canadienses. Estuve el rato que me quedaba con ellas paseando. Visitamos la catedral y nos hicimos unas fotos juntos.

Fui puntual, y estuve a las 3 en la Bourse, que es un punto de encuentro muy popular aquí y es donde me había citado Margaux.
Apareció esta, nos presentamos y nos fuimos, lo primero, a tomar una cerveza. Resultó ser una chica muy agradable y muy apañá. Quería enseñarme la ciudad, pero para ese momento yo ya lo había visto casi todo, así que tuvo que esforzarse y enseñarme sitios más especiales. Fuimos al Sablon, el Palais de Justice y nos dimos un interminable paseo hasta la casa museo de Victor Horta. También pasamos por unos interesantes barrios con anticuarios y mucha actividad por el día nacional (creo que era la rue de Blaes).

Después tomamos dirección hacia el hostal para recoger el coche.
Quise acercarla a su trabajo, pero resultó imposible. Había muchísimas calles cortadas por las fiestas. Dimos mil vueltas y finalmente tuvo que bajarse y seguir a pie cuando ya se encontraba cerca. Me sentí culpable: llegó más de media hora tarde por mi culpa.

De allí fui en busca de la casa. Margaux me había dado su llave, así que podía instalarme. Me pareció increíble que alguien le de a un desconocido las llaves de su casa, pero así fue. Y por si fuera poco, me dijo que podía comer, beber y cocinar lo que quisiera.

Resultó que su compañero de piso, Max, había cambiado de planes y se quedaba en Bruselas el fin de semana, así que estaba allí. Me presenté, cruzamos un par de frases, le pedí la clave del wifi y me metí en mi cuarto.
Estuve un buen rato navegando por internet, hablando por skype y descansando.

Sobre las 10 salí. Coincidí con Max, que se disponía a hacerse la cena, así que le acompañé tanto en la elaboración como a la mesa.
Tras comer, salimos a dar una vuelta a un bar. Al poco se nos unió Margaux, que ya había terminado de trabajar. Estuve bebiendo las cervezas que Max me iba recomendando, a cuál más rica y a cuál con más grados. Y así estuvimos hasta que el bar cerró (otra ciudad donde voy cerrando bares).

Después pa casa. Un ratito de conversación antes de dormir, y pa la cama.

Mañana ma proponía ir a Brujas y Gante, pero con la hora que se me ha hecho, no sé yo...

domingo, 22 de julio de 2012

Día 10 - 20 de julio (viernes)

Despertar: 8:20 Rumbo: Bruselas
Kilómetros: 230 Personas: 4
Tiempo: Nublado con chubascos Ciudades: 1
Pernocta: Bruselas Gasto: 40€

El jueves tuve ciertos problemas para encontrar dónde dormir en Bruselas. En principio cogí un HI hostel para dos días, pero pronto me mandaron un e-mail diciéndome que no podían hospedarme el sábado, sólo el viernes. Busqué algo más, sin resultados, y decidí dejarlo así. Ya lo solucionaría.

Me volví a levantar temprano para aprovechar el desayuno. Volví a hacerme un bocata.

Luego mandé por facebook un mensaje a Julia diciéndole que sentía mucho no aprovechar su hospitalidad, pero que quería marcharme para tener tiempo de visitar todo lo que quería ver. Me contestó que lo entendía.

Antes de abandonar Luxemburgo quise subir de nuevo al Kasernen para hacer unas fotos desde allí, puesto que ayer no llevaba mi cámara en ese momento.
Tras eso me puse en marcha.

Tenía el depósito lleno de barata gasolina luxemburguesa (aquí cuesta 1,39€ el litro), pero aún así quería parar justo antes de salir de Luxemburgo para aprovechar este precio. Lo malo es que sin darme cuenta crucé la frontera, así que no pude apurar esta oferta. Un error, porque en Bélgica está a 1,72€ el litro.

El camino, la llegada y la localización del hostel fueron sin problemas.
El albergue está situado en pleno barrio de inmigrantes, a las afueras del centro de la ciudad. Al que le impongan los ambientes "raros" le dará miedo el barrio, abarrotado de árabes allá donde mires. Hice el check-in, aparqué el coche dentro del parking del hostel y me bebí una cerveza mientras miraba internet. Había solicitado algunos couchsufings y quería ver qué tal. ¡Tenía una respuesta afirmativa! Genial, ya tenía cama para mañana.

Fue curiosa mi impresión de Bruselas. De entradas pensé "¡joder, qué fea!". Luego fui viendo sitios algo más bonitos. "Pues no está tan mal." Mi impresión fue cambiando gradualmente. Hasta que llegué a la Grand Place, donde pensé "¡qué bonito todo!" No es que esto sea Florencia (ni Luxemburgo siquiera) pero es bonita. Y algunos detalles son impresionantes. La Gran place, insisto, es preciosa.

Además fui viendo que la gente aquí es muy abierta, muy callejera y muy simpática. Y para mí eso es unas de las cosas más importantes de una ciudad. Me dio una impresión tan buena que la he convertido en mi segundo objetivo para buscar trabajo.

El paseito se convirtió en una visita en toda regla. Llevaba un mapa-guía que había pillado en el hostel y éste me apañó la visita al completo. Tenía muchísimas recomendaciones muy útiles y todo escrito por personas de Bruselas y con la intención de que el turista se divierta y no gaste mucho dinero. Por si alguien lo busca, estos mapas se pillan en una oficina llamada Use-it, en Steenkoolkaal.

De la Gran Place busque el más que decepcionante Maneken Pis. Luego me perdí un poco, caminando adonde se me antojaba sin mirar el mapa.

Sobe las 18h ya estaba bastante cansado, así que emprendí el camino de regreso al hostel. Eso sí, antes comí algo en una tabernita que encontré con ambiente local.

En el hostel conocí a Valerie e Isabelle, dos canadienses que están en Europa viajando por 90 días o algo así. Tienen un gigantesco mapa del continente entero, donde van marcando los sitios que han visto y que quieren ver.
Me senté con ellas y les estuve comentando lo que me parece a mí tal o cual ciudad; cuáles deben visitar y cuáles pueden obviar. En eso estuve entretenido hasta casi la medianoche.
De tanto en tanto hablaba con nosotros un indonesio que estaba desesperado buscando alojamiento. Para su presupuesto todo resultaba carísimo.
Les comenté a los 3 sobre la existencia de couchsurfing y carpooling, y me lo agradecieron mucho. Lo cierto es que les solucioné bastante con eso.

Las canadienses se fueron a la cama. Yo terminé mi cerveza y me fui a dormir también. Eran algo más de las 12.

Día 8 - 18 de julio

Despertar: 8:30 Rumbo: Luxemburgo
Kilómetros: 365 Personas: 4
Tiempo: Principalmente soleado Ciudades: 1
Pernocta: Luxemburgo Gasto: 80€


Un día ilusionante: el comienzo del pequeño tour por la "Benelux".

Había quedado con Julia a las 10 en la Hauptbahnhof (estación central) de Stuttgart. Y fui puntual, para sorpresa de la alemana, que esperaba que un español llegara tarde (eso me lo confesó después).

La muchacha resultó ser una chiquilla de 19 años que había estado en Stuttgart visitando a su novio. Alta, con rasgos muy alemanes, guapetona y de pintas desaliñadas. Una vez más, estoy de suerte.

Estuvimos todo el viaje hablando (en inglés, no puedo mantener una conversación en alemán y por el momento me interesan más las personas que el idioma).
Al parecer, existe la costumbre en Alemania de, tras terminar el instituto, tomarse un año libre para hacer un voluntariado. En el caso de ella está con la Cruz Roja cuidando viejecitos en un hospital.

A la entrada de Luxemburgo, un pequeño atasco. En contrapartida, el tiempo era soleado y la temperatura muy agradable.

La chica insistió en que no la dejara en casa y me guió hasta el albergue (un Jouth Hostel). Hice el check-in y me pedí una cerveza. Arrastraba hambre, pero preferí relajarme un rato en la fantástica cafetería del albergue. Aproveché para mirar internet y hablar con mi familia por Skype.

Luego un pequeño tour por la ciudad, así en solitario.
Luxemburgo es muy bonito. Una visita realmente recomendada y andas por la zona. Una ciudad metida en un frondoso valle. Y cuando digo ciudad quiero decir pueblo grande, porque pese a ser una capital de estado, es realmente pequeño. Te la puedes hacer entera andando en un suspiro. Pero merece la pena recrearse en sus callejuelas, sus innumerables miradores, dar un paseo por la orilla del río serpenteante, empaparte un poco del ambiente. Dan ganas de recrearse con cada rincón. Aunque, eso sí, no esperes una extensa visita cultural porque no la hay. Insisto, es muy pequeño.

Al poco recibí un mensaje de Julia para quedar conmigo a las 18h. Aún tuve tiempo de perderme un poco más antes de volver al albergue a ducharme y encontrarme con ella.

Apareció sola y dispuesta a enseñarme sus rincones preferidos de la ciudad. ¡Qué encanto de niña! No sé de dónde le viene esa fama a los alemanes; los que me cruzo yo son geniales.
Me llevó primero a un mirador que en su momento fue una muralla de defensa (el Karsernen). Desde allí se domina toda la ciudad, las vistas son excelentes. Luego pasamos por el museo de arte moderno (encabezado por un pequeño castillo) para ir hacia la zona de los organismos de la comunidad europea. Unos edificios modernos muy espectaculares, recubiertos de vidrios, que, no sé por qué, me recordó a la zona de "Parque de las Naciones" de Madrid.
Allí nos colamos en un autobús para volver al centro. Entonces buscamos un segundo mirador (su segundo lugar preferido de la ciudad, detrás del primer belvedere). Y de allí bajamos por unas escaleras (esto son todos cuestas y escaleras) hasta la orilla del río.

Finalmente echamos en ancla en la Place D'Armes, donde se disponía a tocar en un kiosko una "big band". Para contrastar con tanta elegancia, comimos de McDonalds. Ya se habían incorporado en ese momento Paul (un simpático luxemburgués de unos 40 años) y Alexandra (una guapísima alemana de unos 22).
La comunicación fue un poco difícil. Ellos tres están acostumbrados a hablar alemán entre ellos, pero yo no puedo seguir la conversación, así que se esforzaron un poco y hablaron en inglés.

Para terminar la noche dimos un último paseo, repitiendo algunas de las anteriores vistas pero de noche y luego cada mochuelo a su olivo.

Me han hecho una pequeña guía en una servilleta para visitar el resto del país mañana. Y si decido quedarme aquí estoy invitado a comer con Paul y sus amigos. Por otro lado, Julia me ha ofrecido su casa si decido dormir aquí el viernes.
Aún no sé que haré al respecto. No quiero rechazar tanta hospitalidad, pero creo que esta ciudad no va a dar mucho más de sí. Miraré la Lonely Planet a ver que tal.