jueves, 19 de julio de 2012

Día 9 - 19 de julio (jueves)

Despertar: 8:20 Rumbo: Haute Sûre
Kilómetros: 160 Personas: 0
Tiempo: Nuboso Ciudades: 5
Pernocta: Luxemburgo Gasto: 55€

Me tuve que poner el despertador muy temprano para poder pillar el desayuno (que algún sádico ha puesto de 7 a 9). Pero está incluido en el precio y estoy queriendo recortar gastos drásticamente. Y con esa filosofía, y haciendo gala de españolismo, me preparé un bocata en el desayuno que me llevé a mi excursión.

Lo malo de compartir habitación con otros 5 es que, como no, molestan. A las 5 a uno le sonó el móvil y encendió la luz. A las 7 tenían puesto el despertador 2. Uno más que se levanta para ir al baño. Vamos, que no me dejaron descansar todo lo bien que hubiera podido.

Ni siquiera habían dado las 10 cuando estaba ya en marcha. Destino: el lago de la Haute Sûre, que me había recomendado Julia tan encarecidamente. Tuve que cruzarme medio país para llegar, pero eso aquí son 50 kilómetros. Eso sí, sin autopistas.

Al primer sito al que llegué fue Lultzhausen. Por algún motivo han elegido este "pueblo" para ser la entrada y centro turístico de la zona del lago. Y lo digo así porque es un complejo de no más de 20 o 30 casas, un albergue juvenil y un puesto de información turística.

Me hice con un mapa y me hice una de las rutas de senderismo. Subí una montaña y encontré allí unas cuantas rocas enormes caprichósamente dispuestas. ¿Quién se habrá entretenido en esto? pensé. Luego vi una enorme lasca de granito clavada en el suelo, con unas hendiduras a todo lo largo, de modo que parecía una regla. ¿A qué vendrá esto?
Al terminar la ruta (que, dicho sea, la hice en sentido inverso) vi la explicación: unos escultores habían puesto allí estas "obras de arte". Y no eran las dos únicas, había más repartidas por los montes de la zona. Lo cierto es que me pareció una tontería.

Como no tenía más ganas de caminar, fijé un destino con el coche. Decidí ir a Wiltz, donde según leí, había un parque con unas esculturas y me pareció que quizás fuera interesante.

De camino a Wiltz me crucé con la carretera que iba a Esch sur Sûre, y decidí tomarla para ver este pueblo. Gran acierto.
Un pequeño pueblo de montaña, con bonitos edificios, cuidados jardines, el pequeño río pasando a su través y las ruinas de lo que fue un castillo defensivo.

Me llevé un buen chasco al llegar a Wiltz. Para empezar, estaba muy cansado y hambriento, así que mi actitud no era buena.
Por otro lado, fui incapaz de encontrar los jardines aquellos. Y cuando intenté visitar un palacio que se divisaba en el monte, no tuve narices de encontrar el camino. Así que me fui de la ciudad sin visitarla apenas.
Por poner una reseña, se ve que aquello es la capital de la zona: es grande y tiene hipermercados, a diferencia de los otros pueblos en los que a veces no había ni un mísero bar.

Para terminar mi viaje decidí ir a Vianden, donde Paul había dibujado el día anterior un castillo. A ver qué tal.
De nuevo, un acierto. El castillo, perfectamente restaurado (que no reconstruido) se encuentra enmedio de esa exuberante naturaleza que hay aquí. En medio, sí, pero en lo alto de una de las montañas, que a su vez está rodeada por un río. Vamos, toda una estampa. Realmente bonito.
Entré en el castillo. Ya que estaba allí no iba a quedarme en la puerta ¿no? Pues eso fue un error. Si has visto un castillo por dentro, los has visto todos. Nada especial, no aporta nada nuevo. Podría haberme ahorrado los 6 euros de la entrada.

Para ese momento, ya no podía más con mi cuerpo. Entré en una de las terrazas con vistas al castillo y me pedí una cerveza (que tuvo un precio muy razonable: 1,90€). ¡Me devolvió a la vida! Al parecer eso era todo lo que necesitaba: una cerveza.

Aún así, tras la merecida birra, me fui de vuelta a Luxemburgo, esperando que el camino me tomara más de una hora. No fue así, apenas tardé 45 minutos de nuevo.

A pesar de haberme repuesto mucho con la cerveza, lo que me pedía el cuerpo era descansar. Mandé un mensaje a Julia para decirle que hoy no saldría, me duché y me acomodé en el hostal.
Luego fui a buscar una hamburguesa para comer y vuelta al hostal. Estaba cansado y necesitaba organizarme para llegar a Bruselas mañana, así que no lo dudé más: hoy me quedaba aquí, en este sofá, con mi ordenador en el regazo y una cerveza en la mesa.

Mañana conoceré un nuevo país.

miércoles, 18 de julio de 2012

Días 6 y 7 - 17 de julio de 2012

Despertar: sobre las 10 Rumbo: ninguno
Kilómetros: pocos Personas: 3
Tiempo: Nublado con chubascos Ciudades: 1
Pernocta: Stuttgart Gasto: unos 40€


Un par de días de descanso relativo.

El lunes dediqué el día a organizar mis cosas correctamente, descansar, pasear y esas cosas tranquilas. Aproveché para hablar con gente por Skype y dar señales de vida.

A las 18:45 había quedado con Fabi para ir a correr. Me parece una manera genial de conocer un poco el entorno. Lo que no contaba es con lo quemado que estoy. Corrimos 45 minutos y desde el 30 pensé que me moría. Pero no quería quedar como la maricona, así que mantuve el tipo hasta el final. Me quedó claro que necesito hacer algo más de ejercicio.

Luego fuimos a visitar a Pandu, un ex compañero de trabajo de Fabián. Éste tiene pensado abandonar la habitación en la que vive antes de septiembre, y yo sería el siguiente ocupante.
El sitio me pareció bastante feo y cutre, pero por el precio que se baraja (unos 320€ incluyendo luz y agua) no está tan mal. Además está muy bien situado, al lado del Mitte (el centro), así que, como una solución transitoria, me parece más que bien.

El martes fue un poco mejor. Ya me había repuesto completamente del viaje de 4 días. Me desperté tempranito de forma natural. Organicé lo que me quedaba por organizar y comencé con el "plan de ataque": me hice una lista de las casas de subastas que hay en Stuttgart (uno de los tipos de negocio donde yo puedo trabajar).
Para mi sorpresa, hay un montón. En total debe haber más de 20, de los que seleccioné unos 15. Para una ciudad con 600.000 habitantes es tela. Lo tomaré como una buena señal.

Al día siguiente salía hacia Luxemburgo, para pegarme una semanita viajando por la zona. Entre lo poco organizado que tenía esto y las pocas ganas de correr que tenía, tuve que dejar en la estacada a Fabi para correr (no sin avisarle por mensaje).

Encontré un Jouth Hostel muy aparente y barato en el centro de Luxemburgo e hice la reserva.
Luego encontré a una compañera de coche con la que compartir gastos y conversación.
Ya tenía todo listo.

Llegó Fabi contándome que esa noche habría timba de Wii en casa. ¡Bien! Me apetece.
La cosa se vino a menos. Al final fuimos Fabi, un compañero suyo de trabajo (cuyo nombre no recuerdo y yo). Echamos unas partidas al Rock Band (en las que dejé clarísimo que nunca seré percusionista), compartinos una pizza y luego a la cama.

Despertador a las 8:30. Menos de 7 horas para dormir. Espero descansar, mañana quiero que me cunda el día.

lunes, 16 de julio de 2012

Día 5 - 15 de julio de 2012, domingo

Despertar: 11:40 Rumbo: Ninguno
Kilómetros: 15 Personas: 1
Tiempo: Nublado con chubascos Ciudades: 1
Pernocta: Stuttgart Gasto: 20€


Hoy toca descansar.

Sin despertador, estuve durmiendo desde las 2 hasta más de las 11. Y aún así, no estaba totalmente descansado al despertar. Pero me levanté igual, no quería pasarme dormido todo el primer día aquí.

Lo primero, desayunar, que ayer no había cenado y arrastraba hambre. Fabi no tenía leche ni pan, al menos a la vista. Me apañé un capuchino soluble (que sí había, menos mal). Yo aún tenía cosas en mi "despensa" del coche (una bolsa de cartón), y había algo de pan y unas magdalenas. Prueba superada.

Aún algo zumbado por los días anteriores, iba a un ritmo lento. Fui ordenando un poco, mirando internet otro poco. Me di un pequeño paseo buscando el coche de Fabi (donde estaba lo necesario para activar mi móvil alemán). Un pequeño reconocimiento del barrio y otra vez a casa a seguir haciendo cosas... y a estar tirado en el sofá también.

Sobre las 17h ya estuve harto de estar encerrado y me fui al centro a echar un vistazo.
Gran acierto. La ciudad es bonita. Todo muy cuidado, se ve que hay dinero aquí.
La zona del centro está muy bien. Tanto la fisionomía como los edificios son muy bonitos, con grandes espacios ajardinados, ámplias plazas, pequeños y grandes edificios muy alemanes, callejuelas con encanto... me gusta. Y encima había una vida en la calle increíble.
En una plaza encontré una especie de festival. Había un gran escenario en el que se daba un concierto (de música latina, como le gusta a esta gente) y puestos de comida, cerveza y artesanía alrededor. Y en el centro los clásicos merenderos que todos hemos visto en las fotos del Oktoberfest.
Pasado ésta, comenzaba una gran zona ajardinada a la que precedía el Neues Schloss (un edificio inspirado en Versalles, a pequeña escala). En estos jardines había montado otro escenario, esta vez con una descomunal pantalla y dos presentadores de televisión justo bajo ésta.
En resumen, montones de personas en la calle.

De allí salí en el coche hacia el aeropuerto para recoger a Fabián, que llegaba sobre las 20h. El aeropuerto, aunque chiquitito, también rezuma poderío económico.

Éste venía reventado de haberse pegado una juerga y luego un día de turismo en París. Pero Fabián está hecho de otra pasta, así que tras un ratillo en la casa charlando, salimos a cenar a un sitio cercano cuya especialidad es el pollo. Y de pollo nos pusimos hasta el manillar por 14€ cada uno.

Minivuelta por el barrio, una partidilla de Wii en casa y pa la cama, que mañana es lunes.

domingo, 15 de julio de 2012

Día 4 - 14 de julio de 2012


Despertar: 9:30 Rumbo: Stuttgart
Kilómetros:  650 Personas: 2
Tiempo: Nublado, chubascos Ciudades: 1
Pernocta: Stuttgart Gasto: 100€


Pasé una noche bastante mala. A pesar de lo cargado que llevo el coche, se me olvidó echar el saco de dormir, así que pasé frío. Intenté abrigarme echándome por encima una toalla, una sudadera, un chubasquero, pero nada, no conseguí estar a gusto.
Por si fuera poco, debía haber fiestas en Lyon y no paraban de sonar fuegos artificiales. Y para cuando cesaron, comenzó el canto de los pajaritos. Total, que he dormido a ratitos y con frío.

Me levanté puntual y de mejor ánimo de lo que se podría esperar. Me duché, desmonté el campamento, desayuné de aquella manera y decidí no entretenerme en conectarme a internet porque eran ya las 11 y quería salir pronto.

De nuevo en ruta.

Durante la parte del trayecto que se desarrolló en Francia el panorama era el mismo. Pequeños y medianos atascos. A medida que me iba acercando a la frontera con Alemania se veían coches, camiones y autobuses de más nacionalidades. Al principio saludé a algunos españoles tocando el claxon. Luego lo dejé.

El almuerzo lo hice en una estación de servicio espectacular aún en Francia. Un caro sandwich de pollo, un café y p'alante.

Si desde España a Francia apenas te das cuenta del cambio de país, de Francia a Alemania te das cuenta aún menos: ni siquiera hay unas montañas para separarlos; sólo un río con un puente normal.
Eso sí, deja de haber atascos cada 20 minutos.

Estaba comido, descansado y con muchas ganas de llegar, así que mi intención era no parar hasta llegar a Stuttgart. Ya me quedaban sólo 120 km. Pero Muphy hizo aparición. Me comí la madre de la madre de todos los atascos que haya habido nunca. Al parecer un viaducto se había roto y la autopista por la que viajaba estaba totalmente cortada (al menos eso me contó el alemán que iba en al coche detrás del mío). Para recorrer los 15 km que me faltaban para llegar a la siguiente salida de la autopista tardé más de 3 horas. Y todo ese tiempo con el coche amenazando con quedarse sin gasolina. Bastante agobio, aburrimiento, cabreo, desesperación y maldiciones varias.

Cuando finalmente llego a la salida me encuentro con el siguiente problema: el GPS siempre calcula la ruta por las vías más principales, así que no sabía cómo demonios ir a Stuttgart sin volver a la autopista cortada. En sacar eso adelante tardé más de una hora, en la que estuve también ocupado en cagarme en todo aquello que pasaba por mi cabeza. Al final, sin saber cómo, volví a la autopista pero más allá del viaducto roto.

Un punto positivo es que parte de la autopista que cogí en esos últimos 100 km era una de las legendarias autopistas alemanas sin límite de velocidad. Ahí me desfogué. Había repostado y necesitaba algo de adrenalina. Hasta entonces no sabía de lo que mi coche era capaz. Definitivamente los 120 km/h no son su medio: se encuentra más cómodo a partir de 150. Estoy más contento que nunca con él.

En total acumulé más de 4 horas de retraso sobre el tiempo que había previsto. Llegué a Stuttgart pasadas las 22h, cansado, enfadado y con dolor de cabeza.

Tenía que encontrarme allí con Rafa, aun amigo de Fabián que tenía las llaves de su casa (puesto que Fabi estaba fuera de la ciudad el sábado). Ya había hablado con él (Rafa) en el atasco, y me había dicho que estaba en Munich, pero que volvería sobre las 9.
Fuí hasta su casa, llamé al timbre, pero nada. Lo llamé al móvil: apagado y buzón de voz. Cabreo, cabreo grande.
Llamé a Fabián: "¿Tú sabes con quién anda éste? Es para ver si puedo localizarlo en otro número". Pues no, no lo sabía.
Asumo la situación y vuelvo al coche, aparcado delante de la casa de Rafa, a esperar. Gracias a dios, al menos tenía algo de cerveza fresca. De fondo se escuchaba, no lejos, el sonido de una gran fiesta (verbena), con música hortera y fuegos artificiales.
Me acomodé como pude e hice como el que se iba a dormir. A estas alturas creo que tengo una especie de síndrome de Estocolmo con mi coche. A pesar de la cantidad de horas que estoy echando dentro de él, seguía sintiéndome cómodo y era el lugar en el que quería estar en ese momento. Es raro, digno de estudio.

Pasadas unas 2 horas llegó Rafa. Para entonces mi cabreo se había disipado bastante. Me contó que había pillado muchísimo tráfico para volver de Múnich y que se había quedado sin batería. Me dio las llaves, nos despedimos y puse rumbo a casa, rezando por tener ningún percance más.
No lo tuve. El GPS me llevó directo a la puerta. Solté el coche muy cerca, descargué (necesité 3 viajes y ni siquiera terminé de sacarlo todo). Luego aparqué correctamente, subí a casa, me preparé mi cama y me eché a dormir, no sin antes bichear un poco internet.

Me esperaba una noche en una buena cama, en un lugar silencioso y agradable y sin despertador. Ya era hora, lo necesitaba.

Día 3 - 13 de julio de 2012

Despertar: 9:30 Rumbo: Lyon
Kilómetros: 690 Personas: 1
Tiempo: Nublado, llovizna Ciudades: 1
Pernocta: Lyon Gasto: más de 100€



Al final el alemán me dejó tirado. Lo llamé varias veces entre las 11 y las 12. Daba señal pero no contestaba. Cuando ya estaba abandonando Barcelona me llamó. Me dijo que se acababa de levantar, que le diera unos minutos. Un par de minutos después volvió a llamarme y me dijo que estaría un día más en Barcelona, que me fuera y que estuviéramos en contacto.
Lo cierto es que tengo intención de llamarle o mensajearle. Me pareció una persona interesante... y no le guardo rencor por el plantón.

Me costó un poco salir de Barcelona. El programa de navegación que he instalado (MapFactor) no es demasiado bueno. Pero es gratuito, así que no es que pueda quejarme demasiado. Finalmente encontré la ruta hacia Francia.
La frontera está mucho más cerca de lo que yo pensaba. Apenas tardé una hora y media en alcanzarla. Y el peaje también fue más barato de lo esperado: unos 17 euros.
Una nota sobre Barcelona y su circulación: ¡es peor que la de Sevilla! ¡Y mucho! Al fin encuentro una ciudad peor.

Lo primero que llama la atención cuando cambias de país es que la autopista es distinta. En principio es mejor. Pero al poco te das cuenta de que por buena que sea, no tiene más que atascos. Francia es el país de los atascos. No sé cuántos me he encontrado a lo largo del camino. Algunos más leves, otros de pararse completamente. Cada vez que un camión adelantaba a otro, se formaba la de dios. Y eso que habían tres carriles. Como "consuelo de tontos" tengo que en el otro sentido de la autopista el atasco era monumental casi todo el tiempo. No sé como los franceses siguen cogiendo el coche. Y para completarlo, casi todo el tiempo autopistas de peajes. En total, desde el paso de la frontera hasta Lyon me he dejado más de 40 euros en peajes. Si a eso le sumas el 1,63€ que vale el litro de gasolina, yo no tendría "voiture" aquí, me parece.

Almorcé en un self-service sobre las 15h. Era caro de pelotas, así que pedí lo más barato que se me antojó. De lo malo, una de las cosas era un puré de verduras: comí sano. Para compensar, el segundo plato fue una ración de patatas fritas. Así de cutre soy cuando me lo propongo.

En el primer peaje había dos chicas francesas haciendo autostop. Quise llevarlas, pero al ser dos y muy cargadas de equipaje estimé que no había sitio en el coche. No tardé en arrepentirme. Habría ido acompañado, y encima estaban buenas. Estoy seguro de que se hubieran acomodado en el espacio que había. Espero haber aprendido la lección y no dejar pasar más oportunidades así. ¡Coño, que a ese tipo de cosas es a lo que vengo aquí!

A pesar de ir solo, el viaje se me estaba haciendo liviano. Pero, como siempre, al avanzar las horas se acumula en cansancio y la necesidad de llegar ¡ya!.
Por fin llegué a Lyon. Entre lo tarde (que se me hiceron las 8 a lo tonto), que me han dicho que es feo y las ganas de descansar, pasé de visitar la ciudad. Era una decisión casi tomada ésta, y terminé de tomarla al ver el atasco de la ciudad.
Empezó a llover un poco, pero era poca cosa y además paró a los 20 minutos.

Llegué al camping. Me cobraron los 20€ prometidos en la web con todo (tienda, coche y yo). Planté la tienda en un santiamén en el mejor sitio que encontré (que es un sitio muy bueno, la verdad, no sé cómo estaba libre).
Los campings en Europa son pequeñas delegaciones de la ONU. A tiro de vista tengo un grupo de alemanas, una pareja de rumanos, otra de ingleses, daneses, holandeses, polacos, sudamericanos y, por supuesto, franceses. Me gustan estos ambientes, aunque estoy cansado, es tarde y no estoy hablando con nadie.

Fui al super que está cerca del camping. Compré jamón de york, pan, una cerveza (calentorra, no hay otra) y un par de plátanos.
Tras cenar, fui a la cafetería del camping con intención de conectarme a internet un rato, pero resulta que es (no me preguntéis por qué) demasiado tarde para darme la clave del wifi. Y lo cierto es que me lo creo, porque me ha atendido una chica colombiana muy simpática con la que he tenido una mini-conversación... está bien, también es atractiva, lo confieso. Pero no me siento ligón hoy, y creo que una Quechua no es una oferta razonable para intentar llevármela la huerto. Al menos he conseguido que me ponga en el congelador las dos placas de hielo de mi neverita. Mañana tendré cerveza fría :D

Ahora me pondré una peli. El netbook no para de rentabilizarse.
Tengo muchas ganas de llegar manaña a Stuttgart, soltar los bultos, conocer la ciudad y comenzar el miércoles a viajar sin agobios.

NOTA: desde que pasé la frontera no se me ha estampado ni un bicho en la luna del coche, pero en el camping, como en todos los campings, hay mosquitos. Menos mal que llevo aután.

Día 2 - 12 de julio de 2012

Despertar: 9:30 Rumbo: Barcelona
Kilómetros: 670  Personas: 5
Tiempo: Soleado - Nublado Ciudades: 1
Pernocta: Barcelona Gasto: 75 €



Me despierto puntualmente a las 8:30, para estar seguro de no llegar tarde a recoger al alemán. A las 8:40 miro el móvil y tengo e-mails. Uno de ellos es de Siggi, diciéndome que le han puesto una reunión y que se retrasará hasta, al menos, las 13h. ¡Me cago en to!

Me levanto definitivamente a las 9:30, sin tener muy claro qué demonios voy a hacer tanto tiempo. Desayuno, ducha. Un poco de ordenador: e-mails, facebook, skype con Alexia... Nada, sigue siendo muy temprano, maldita sea.

A eso de las 12, tras estar hablando con la madre de Fuen (que estaba de visita) de esto y aquello, decido ponerme en marcha. Cargo el coche y enfilo la plaza de Castilla.
Llamo a Siggi, pero tiene el móvil apagado. Verás tú...

Al poco, por fin, me llama él. Me pide que vaya a recogerlo al paseo de las Delicias (joder, la otra punta de Madrid). Habrá que hacerlo. Termino de escribir mi post anterior y voy en su búsqueda.

Por fin nos conocemos. Es un tipo alto, con pelo medio canoso, delgado, bien vestido y con pinta de buena gente. Al ver el coche tan cargado me dice "¡pero es que te mudas o qué!". "Pues sí" le contesto.

Nos ponemos finalmente en marcha a eso de las 14h. Para mi parecer, tardísimo. ¡Y yo que estaba listo a las 10!

Siggi resulta ser todo un personaje. Un buen compañero de viaje. He tenido suerte. Por poner un punto, es un alemán que fuma Ducados.
Nos vamos contando cosas. Especialmente él, creo, que ha vivido más y más intensamente. No sabría decir en cuántas ciudades me ha dicho que ha vivido: San Francisco, Barcelona, Tokyo, Isla Margarita, etc. Ni con cuantas mujeres ha estado. Las mujeres son sin duda su mayor afición, casi diría que el leit motiv de su vida. De hecho, tiene preparada a una amiguita para su llegada a Barcelona. ¡Qué tío! Casi intimida; lo tomaría de mentor. Jejeje.
No sé cómo ha tenido tiempo en sus 50 años de existencia de hacer todo lo que me ha contado. Un matrimonio de 15 años duración, del que tiene un hijo y una hija. Varias "pre-jubilaciones" y vueltas al trabajo. Montó un bar en Colombia. Se dedicó a compar flotas de coche en España para vendarlas a los rent-a-car de Alemania ganándose las ayudas del gobierno español (así de tontos somos, sí). Conoció (bíblicamente) a Miss Montreal 1982 en Isla Margarita, y fue en su búsqueda años después a Canadá.
Un poco me planteo si es verdad todo esto o es un tanto fantasma. Pero no parece de esos. Y no veo por qué querría impresionarme.

En el viaje hicimos muy pocas paradas. Y por muy pocas digo sólo dos: una para comer (tuvo el detalle de invitarme en compensación del restraso) y otra para estirarnos un poco. Teníamos prisa por llegar.

Llegamos a Barcelona sobre las 9. A las 9:30 llegué al parking. Casa de Reyes (mi amiga que me alojaba esa noche), duchita y a la calle.

Fuimos al encuentro de Aga, Serena y sus respectivas novias. Estaban en una de esas tasquitas barcelonesas con encanto que abundan en el barrio de Gracia. Las chicas se alegraron mucho de verme. Les conté mis proyectos y, como es de esperar, me dieron muchos ánimos. Yo las invité a visitarme.
Tras eso, nos sentamos en una terracita con otros amigos de Reyes. Más extranjeros. Parece que en Barcelona no hay barceloneses. Conocí a Elena y Silvia (dos italianas) y Mark, el novio inglés de Silvia, que le tiene alergia a hablar en español. Con él tuve una larga conversación sobre política en inglés. Como vio que le contestaba en su idioma, vio el cielo abierto y me acaparó todo lo que pudo.

Nos cerraron la terraza temprano y volvimos a casa. Allí estuve hablando con mi amiga hasta casi las 2. A la pobre la hice trasnochar a pesar de que tenía que trabajar al día siguiente. Pero la conversación valió la pena (como siempre con Reyes).

Ya he desayunado. Son las 11 y estoy esperando a Siggi. Espero que hoy no se retrase. Sería la segunda vez que el español espera la alemán.

Día 1 - 11 de julio de 2012

Despertar: 10:00 Rumbo: Madrid
Kilómetros:  541 Personas: 0
Tiempo: Soleado y caluroso Ciudades: 2
Pernocta: Madrid Gasto: 58,50 €



Tenía pensado abandonar Sevilla a eso de las 12 de la mañana. Todo estaba casi listo y el despertador puesto a las 9 para tener tiempo de sobra. Tan sólo quedaba terminar de cargar el coche con lo necesario para el viaje (el maletero con las cosas que necesitaría más adelante ya estaba lleno).
Sin embargo, algo tenía que retrasarme. No podía ser de otro modo: llevaba una semana con retrasos y el día D no iba a ser menos. Quería dejar todo listo para irme con "paz de espíritu" y una de las cosas era mi matrícula en el ciclo de formación a distancia que estoy haciendo. Terminar este trámite me llevó una hora. A eso le tuve que sumar ir a imprimir los papeles y entregarlos en correos (que me obsequió con una cola de más de 40 minutos). Total, dos horas de retraso.
Eso me dejó en Sevilla hasta las 14h, así que decicí comer para salir almorzado y tener que hacer una para y un gasto menos.

A las 15h ya estaba en marcha.
La carretera me dejó pocas sorpresas. Muchos kilómetros. Varios camiones con transportes especiales (varias aspas de generadores eólicos) y poco más.

A las 21h conseguí aparcar en Madrid y subir a casa de Chico y Fuen que me ofrecieron su hospitalidad. Bueno, no sólo su hospitalidad. También una copiosa cena, una rica sangría y varias partidas a la Xbox en las que me fue dejando en ridículo como corredor de F1 y como jugador del FIFA.

Estuve en la cama hacia la 1, aunque tardé un rato más en dormirme. Demasiadas cosas, supongo.

El despertador puesto a las 8:30. Mañana tengo que conocer a Siggi, el que será mi compañero de viaje hasta Stuttgart si todo va bien. A las 10h he quedado con él en plaza de Castilla. Estoy impaciente por continuar mi andadura.