jueves, 19 de julio de 2012

Día 9 - 19 de julio (jueves)

Despertar: 8:20 Rumbo: Haute Sûre
Kilómetros: 160 Personas: 0
Tiempo: Nuboso Ciudades: 5
Pernocta: Luxemburgo Gasto: 55€

Me tuve que poner el despertador muy temprano para poder pillar el desayuno (que algún sádico ha puesto de 7 a 9). Pero está incluido en el precio y estoy queriendo recortar gastos drásticamente. Y con esa filosofía, y haciendo gala de españolismo, me preparé un bocata en el desayuno que me llevé a mi excursión.

Lo malo de compartir habitación con otros 5 es que, como no, molestan. A las 5 a uno le sonó el móvil y encendió la luz. A las 7 tenían puesto el despertador 2. Uno más que se levanta para ir al baño. Vamos, que no me dejaron descansar todo lo bien que hubiera podido.

Ni siquiera habían dado las 10 cuando estaba ya en marcha. Destino: el lago de la Haute Sûre, que me había recomendado Julia tan encarecidamente. Tuve que cruzarme medio país para llegar, pero eso aquí son 50 kilómetros. Eso sí, sin autopistas.

Al primer sito al que llegué fue Lultzhausen. Por algún motivo han elegido este "pueblo" para ser la entrada y centro turístico de la zona del lago. Y lo digo así porque es un complejo de no más de 20 o 30 casas, un albergue juvenil y un puesto de información turística.

Me hice con un mapa y me hice una de las rutas de senderismo. Subí una montaña y encontré allí unas cuantas rocas enormes caprichósamente dispuestas. ¿Quién se habrá entretenido en esto? pensé. Luego vi una enorme lasca de granito clavada en el suelo, con unas hendiduras a todo lo largo, de modo que parecía una regla. ¿A qué vendrá esto?
Al terminar la ruta (que, dicho sea, la hice en sentido inverso) vi la explicación: unos escultores habían puesto allí estas "obras de arte". Y no eran las dos únicas, había más repartidas por los montes de la zona. Lo cierto es que me pareció una tontería.

Como no tenía más ganas de caminar, fijé un destino con el coche. Decidí ir a Wiltz, donde según leí, había un parque con unas esculturas y me pareció que quizás fuera interesante.

De camino a Wiltz me crucé con la carretera que iba a Esch sur Sûre, y decidí tomarla para ver este pueblo. Gran acierto.
Un pequeño pueblo de montaña, con bonitos edificios, cuidados jardines, el pequeño río pasando a su través y las ruinas de lo que fue un castillo defensivo.

Me llevé un buen chasco al llegar a Wiltz. Para empezar, estaba muy cansado y hambriento, así que mi actitud no era buena.
Por otro lado, fui incapaz de encontrar los jardines aquellos. Y cuando intenté visitar un palacio que se divisaba en el monte, no tuve narices de encontrar el camino. Así que me fui de la ciudad sin visitarla apenas.
Por poner una reseña, se ve que aquello es la capital de la zona: es grande y tiene hipermercados, a diferencia de los otros pueblos en los que a veces no había ni un mísero bar.

Para terminar mi viaje decidí ir a Vianden, donde Paul había dibujado el día anterior un castillo. A ver qué tal.
De nuevo, un acierto. El castillo, perfectamente restaurado (que no reconstruido) se encuentra enmedio de esa exuberante naturaleza que hay aquí. En medio, sí, pero en lo alto de una de las montañas, que a su vez está rodeada por un río. Vamos, toda una estampa. Realmente bonito.
Entré en el castillo. Ya que estaba allí no iba a quedarme en la puerta ¿no? Pues eso fue un error. Si has visto un castillo por dentro, los has visto todos. Nada especial, no aporta nada nuevo. Podría haberme ahorrado los 6 euros de la entrada.

Para ese momento, ya no podía más con mi cuerpo. Entré en una de las terrazas con vistas al castillo y me pedí una cerveza (que tuvo un precio muy razonable: 1,90€). ¡Me devolvió a la vida! Al parecer eso era todo lo que necesitaba: una cerveza.

Aún así, tras la merecida birra, me fui de vuelta a Luxemburgo, esperando que el camino me tomara más de una hora. No fue así, apenas tardé 45 minutos de nuevo.

A pesar de haberme repuesto mucho con la cerveza, lo que me pedía el cuerpo era descansar. Mandé un mensaje a Julia para decirle que hoy no saldría, me duché y me acomodé en el hostal.
Luego fui a buscar una hamburguesa para comer y vuelta al hostal. Estaba cansado y necesitaba organizarme para llegar a Bruselas mañana, así que no lo dudé más: hoy me quedaba aquí, en este sofá, con mi ordenador en el regazo y una cerveza en la mesa.

Mañana conoceré un nuevo país.

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