domingo, 15 de julio de 2012

Día 4 - 14 de julio de 2012


Despertar: 9:30 Rumbo: Stuttgart
Kilómetros:  650 Personas: 2
Tiempo: Nublado, chubascos Ciudades: 1
Pernocta: Stuttgart Gasto: 100€


Pasé una noche bastante mala. A pesar de lo cargado que llevo el coche, se me olvidó echar el saco de dormir, así que pasé frío. Intenté abrigarme echándome por encima una toalla, una sudadera, un chubasquero, pero nada, no conseguí estar a gusto.
Por si fuera poco, debía haber fiestas en Lyon y no paraban de sonar fuegos artificiales. Y para cuando cesaron, comenzó el canto de los pajaritos. Total, que he dormido a ratitos y con frío.

Me levanté puntual y de mejor ánimo de lo que se podría esperar. Me duché, desmonté el campamento, desayuné de aquella manera y decidí no entretenerme en conectarme a internet porque eran ya las 11 y quería salir pronto.

De nuevo en ruta.

Durante la parte del trayecto que se desarrolló en Francia el panorama era el mismo. Pequeños y medianos atascos. A medida que me iba acercando a la frontera con Alemania se veían coches, camiones y autobuses de más nacionalidades. Al principio saludé a algunos españoles tocando el claxon. Luego lo dejé.

El almuerzo lo hice en una estación de servicio espectacular aún en Francia. Un caro sandwich de pollo, un café y p'alante.

Si desde España a Francia apenas te das cuenta del cambio de país, de Francia a Alemania te das cuenta aún menos: ni siquiera hay unas montañas para separarlos; sólo un río con un puente normal.
Eso sí, deja de haber atascos cada 20 minutos.

Estaba comido, descansado y con muchas ganas de llegar, así que mi intención era no parar hasta llegar a Stuttgart. Ya me quedaban sólo 120 km. Pero Muphy hizo aparición. Me comí la madre de la madre de todos los atascos que haya habido nunca. Al parecer un viaducto se había roto y la autopista por la que viajaba estaba totalmente cortada (al menos eso me contó el alemán que iba en al coche detrás del mío). Para recorrer los 15 km que me faltaban para llegar a la siguiente salida de la autopista tardé más de 3 horas. Y todo ese tiempo con el coche amenazando con quedarse sin gasolina. Bastante agobio, aburrimiento, cabreo, desesperación y maldiciones varias.

Cuando finalmente llego a la salida me encuentro con el siguiente problema: el GPS siempre calcula la ruta por las vías más principales, así que no sabía cómo demonios ir a Stuttgart sin volver a la autopista cortada. En sacar eso adelante tardé más de una hora, en la que estuve también ocupado en cagarme en todo aquello que pasaba por mi cabeza. Al final, sin saber cómo, volví a la autopista pero más allá del viaducto roto.

Un punto positivo es que parte de la autopista que cogí en esos últimos 100 km era una de las legendarias autopistas alemanas sin límite de velocidad. Ahí me desfogué. Había repostado y necesitaba algo de adrenalina. Hasta entonces no sabía de lo que mi coche era capaz. Definitivamente los 120 km/h no son su medio: se encuentra más cómodo a partir de 150. Estoy más contento que nunca con él.

En total acumulé más de 4 horas de retraso sobre el tiempo que había previsto. Llegué a Stuttgart pasadas las 22h, cansado, enfadado y con dolor de cabeza.

Tenía que encontrarme allí con Rafa, aun amigo de Fabián que tenía las llaves de su casa (puesto que Fabi estaba fuera de la ciudad el sábado). Ya había hablado con él (Rafa) en el atasco, y me había dicho que estaba en Munich, pero que volvería sobre las 9.
Fuí hasta su casa, llamé al timbre, pero nada. Lo llamé al móvil: apagado y buzón de voz. Cabreo, cabreo grande.
Llamé a Fabián: "¿Tú sabes con quién anda éste? Es para ver si puedo localizarlo en otro número". Pues no, no lo sabía.
Asumo la situación y vuelvo al coche, aparcado delante de la casa de Rafa, a esperar. Gracias a dios, al menos tenía algo de cerveza fresca. De fondo se escuchaba, no lejos, el sonido de una gran fiesta (verbena), con música hortera y fuegos artificiales.
Me acomodé como pude e hice como el que se iba a dormir. A estas alturas creo que tengo una especie de síndrome de Estocolmo con mi coche. A pesar de la cantidad de horas que estoy echando dentro de él, seguía sintiéndome cómodo y era el lugar en el que quería estar en ese momento. Es raro, digno de estudio.

Pasadas unas 2 horas llegó Rafa. Para entonces mi cabreo se había disipado bastante. Me contó que había pillado muchísimo tráfico para volver de Múnich y que se había quedado sin batería. Me dio las llaves, nos despedimos y puse rumbo a casa, rezando por tener ningún percance más.
No lo tuve. El GPS me llevó directo a la puerta. Solté el coche muy cerca, descargué (necesité 3 viajes y ni siquiera terminé de sacarlo todo). Luego aparqué correctamente, subí a casa, me preparé mi cama y me eché a dormir, no sin antes bichear un poco internet.

Me esperaba una noche en una buena cama, en un lugar silencioso y agradable y sin despertador. Ya era hora, lo necesitaba.

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