miércoles, 1 de agosto de 2012

Academia o trabajo: el huevo o la gallina

Estás en un país extranjero. Todo cuesta caro, porque es así. Pero como además no es tu entorno, a ti te cuestan las cosas especialmente caras. Eso por torpe.

Así que parece que lo primero es buscar un trabajo. Lo antes posible. Hay que generar ingresos para cubrir tanto gasto. De modo que intentas redactar una carta de presentación decente. E intentas hacerlo en alemán, para que el que la reciba no la deseche sin mirarla. Entonces te das cuenta: no sabes un carajo de alemán. Creías que sí, que al menos lo básico lo llevabas, pero es mentira. Sólo sabes pedir una cerveza y poco más.

Entonces piensas que lo que realmente necesitas es una academia. Buscas y buscas. Son caras. De 300€ al mes no bajas por un intensivo. Además en agosto son escasas las que están en funcionamiento. Casi todos los cursos empiezan en septiembre. Pero eso es demasiado esperar: ya has llegado a la conclusión de que necesitas aprender rápidamente. No hay un día que perder.

Por otro lado, no puedes dejar de buscar trabajo. Si vas a apuntarte a la academia, necesitas dinero para pagarla. Pero si estás en un intensivo de alemán, ocupas con eso al menos 4 horas diarias, así que si encuentras trabajo, no vas a poder ir al curso. Y si lo has pagado, pierdes el dinero.

¿Y entonces qué?

Pues entonces localizo una academia (Henke-Schulungen) que me hace un increíble descuento si me doy de alta como residente en el ayuntamiento. De 305€ a 120€ :D
Entonces vas al ayuntamiento y les dices que vives allí, les das una dirección y como eres ciudadano de le UE, no te ponen problema ninguno. ¡Viva Robert Schumann!

De modo que la semana que viene ich bin ein Stuttgarter oficialmente, y dentro de dos semanas comienzo a dar clases de alemán... y mientras tanto, con el corta-y-pega y mucha ayuda de Fabián me he compuesto una carta de presentación decente.

La rueda comienza a girar.

sábado, 28 de julio de 2012

Consejos e impresiones para viajar por Europa

Después de haberme hecho la pechá de kilómetros que me he hecho y de haber visitado tantas ciudades, he aprendido unas cuantas cosas que pueden ser útiles si vas a visitar esta zona.

Si no sigues el blog y has llegado aquí por un buscador o similar, te pongo al día: salí de Sevilla, pasé por Lyon, Stuttgart, Luxemburgo, Bruselas, Brujas, Gante, Utrecht y Colonia. Todo este viaje me lo he hecho en mi coche y me he alojado en albergues, camping y couchsurfing.

Lo primero, los precios de la gasolina.
Primera nota: es mucho más barata en pueblos y ciudades que en autopistas. Y llega a haber diferencias de hasta 15 céntimos por litro. Conviene desviarse para repostar.
Los precios varían de un país a otro, pero no demasiado (excepto en Luxemburgo). Más o menos, me he encontrado esto (gasolina sin plomo 95): España 1,44€/l, Francia 1,62€/l, Alemania 1,56€/l, Luxemburgo 1,39€/l, Bélgica 1,65€/l, Holanda 1,72€/l.

El límite de velocidad es en general 130 km/h.
En Alemania no hay límites en determinados tramos de autopista y en otros sí. Simplemente haz lo que veas que hacen los demás, porque donde no hay límites siempre verás gente a 180 km/h o más (a veces mucho más).
Las autopistas son gratuitas en todos sitios menos en Cataluña y Francia. En Francia viene a costar unos 8€ cada 100 km de promedio.

Es más frecuente que en España encontrar atascos en las autopistas, incluso lejos de grandes ciudades. Tenlos en cuenta para calcular los horarios. De mayor a menor número de atascos, yo hago esta clasificación: Francia, Alemania, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, España. Aún así, done más rápido se avanza es en Alemania. Donde menos, en Francia o Luxemburgo (este último tiene pocas autopistas).
En la ciudad se respetan muchos los límites de velocidad. En las autopistas no tanto.

El tabaco viene a costar unos 5€ el paquete. En Luxemburgo es más barato, aunque no demasiado.

En general hay parkímetros en todas las ciudades y son difíciles de evitar. En Utrecht es especialmente alarmante, ya que abarcan zonas muy amplias, son carísimos y llegan a funcionar también durante la noche (yo pude aparcar gratis aquí).

Comer en la calle y salir de cervezas es algo más caro que en España, pero no demasiado. De hecho, es más caro que en Sevilla, pero no que en Madrid, por ejemplo. Generalmente la cerveza (250 o 330 cl) te costará entre 1,60 y 2,20€. Para la comida la diferencia es aún menor.
En Alemania sólo algunas mujeres piden cerveza de menos de medio litro, que viene a costar entre 2,60 y 3,20€.

Todo el mundo habla inglés. Y probablemente algún tercer idioma también (quizás sea español). Aún así, agradecen cuando intentas hablar la lengua local y te contestan en la misma lengua.

Conocí en Bélgica los mapas-guía (gratuitos) de Use-it. Son muy prácticos y completos. Si tienes uno de estos, no necesitarás más guía. No sólo para monumentos, sino también dónde comer, salir, etc. Todo pensado en plan alternativo y barato (o gratuito). Bichea su web y mira si hay disponible mapa del sitio que vas a visitar.

Mi corta experiencia como couchsurfer ha sido genial. Lo recomiendo mucho. No sólo ahorras, sino que conoces buena gente.
Consiste en quedarte en casa de gente que te ofrece cobijo. Así, por la cara, como suena.
Visita la web, hazte un perfil y úsalo. Vale la pena.

Los campings están bastante bien. El ambiente no es como en España: son personas a las que les gusta el camping, no que quieren gastar menos. Los precios varían, pero yo contaría con unos 10€ por persona y noche. Ojo, necesitarás saco de dormir, aquí puede hacer frío en verano.

Si vas a ir de albergues, lleva un candado: te hará falta para las taquillas.

Ya no existen wifis abiertos en ningún sitio. Si vas a necesitar internet, preocúpate de que lo haya en el sitio donde vayas a quedarte.
Las llamadas telefónicas dentro de un país extranjero con tu móvil español salen baratas (más o menos lo mismo que llamar a tu país). No te alarmes demasiado si tienes que usar tu móvil para llamar a tu albergue o tu couchsurfer. Los mensajes pueden llegar a ser hasta más baratos que si estás en España. Usar el 3G es caro; desactiva los datos antes de llegar.
Comprar una tarjeta SIM local no siempre es sencillo: quizás tengas que registrarla en internet para que funcione.

Creo que eso es todo.

Días 13 y 14 - 25 y 26 de julio (fin del viaje)

Despertar: 7:20 y 8:30 Rumbo: Colonia y Stuttgart
Kilómetros: 626 Personas: 0
Tiempo: soleado y caluroso Ciudades: 3
Pernocta: Colonia Gasto: prefiero dejar de calcularlo

Antes de dormirme tuve la ocasión de hablar con Alexia (τέλεια συγκατοίκου μου) por Skype y Beltrán (mi hermano) por teléfono. Y como tenía bastantes ganas de hablar con ambos, a pesar de tener que susurrar por la hora que era, estuve un buen rato. Así que cuando sonó el despertador a las 7:20 estaba bien jodido.

Alex y Maryam me habían recomendado ir al Palacio de Soestdijk, así que me dirigí allí antes de abandonar Holanda. Fue un error. Primero porque estaba algo más lejos de los que había calculado y en dirección contraria. Y segundo porque me lo encontré cerrado.

Volver a tomar la autopista me llevó un buen rato. Había estado trasteando en las opciones del GPS y me costó caro.

Llegué a Colonia sobre las 14h.
Ningún couchsurfer me había dado una respuesta afirmativa, así que fui directamente al HI hostel que había localizado el día anterior. 21€ sin desayuno. Las instalaciones muy buenas y el personal amable. Además estaba situado al lado de la catedral. Lo único malo es que no tenía parking y allí es todo parkímetro y carísimo (2€ la hora).
Por confusión dejé el coche en un sitio de parkímetro y no le puse tique. No pasó nada, no me multaron. ¡Perfecto!

Otra sesión de Skype con Alexia, almuerzo rápido hecho en la cocina del albergue y a pasear por la ciudad.

Colonia no tiene nada que ver. Sólo la catedral vale la pena. Estuve un buen rato pateándome el centro y no encontré nada más de interés. No entendí por qué la guía que llevaba la pone por las nubes.

A las 19h estaba ya para el arrastre. Pero preferí seguir dándole oportunidades a la ciudad. Fue para nada.
A las 21:30 ya estaba yo en la habitación echado en la cama. Charlé un ratillo con dos brasileños que iban a compartir el cuarto conmigo. Chateé un rato por el móvil y me eché a dormir. No podía creer lo cansado que estaba.

Por la mañana me levanté temprano. Había comprendido el asunto parkímetro y quería retirar el coche antes de que comenzara la hora de pagar.

Fui a desayunar al Rheinpark y luego visité la EL-DE Haus, que la recomendaba la guía y mi amiga Samantha.
Es una antigua "comisaría" de la Gestapo, donde puedes ver las celdas, las demás instalaciones, leer las inscripciones hechas por los presos en las paredes y leer los testimonios de familiares y supervivientes. Muy interesante.
En las plantas altas tiene una exposición sobre el afloramiento y triunfo del nacismo, pero al estar entera en alemán, me enteré de poco.

De ahí a Stuttgart de vuelta. Y con muchas ganas de llegar por fin.
Fueron alrededor de 4 horas de autopista. Muchos tramos sin límites de velocidad donde vas a 150 km/h y de repente tienes un Mercedes pegado al culo pidiéndote paso.

Sobre las 17:30 llegué a "mi ciudad" y "mi casa". Algo triste por que se acabara el viaje, pero aliviado por poder descansar y establecerme.

En la casa estaba la hermana, la madre y el primo de Fabián. Esperamos a que él llegara y fuimos a tomar una cerveza al biergarten vecino. La cosa se alargó hasta más de la 1.

miércoles, 25 de julio de 2012

Días 12 y 13 - 23 y 24 de julio (lunes y martes)

Despertar: 9:30 y 7:20 Rumbo: Utrecht
Kilómetros: 190 Personas: 2
Tiempo: Soleado (hasta calor) Ciudades: 2
Pernocta: Utrecht Gasto: mucho, no sabría decir

Después del domingo, y sabiendo que abandonaba al día siguiente Bruselas, me puse el despertador, pero no demasiado temprano. No quería perder el tiempo, pero también quería descansar.

Me levanté, duché, cargué las cosas en el coche y me puse en marcha. Ni un minuto que perder.
Antes de dejar Bruselas quería ver la zona de las administraciones de la unión europea. Y una vez vistas os puedo decir una cosa: os la podéis saltar, no hay nada que ver. Si vais a estar mucho tiempo allí, vale, pero dejar algo o perder tiempo allí es "pa na".

Antes de ponerme en ruta quise repostar, lo cual resultó un parto, cagontó!!!
De entrada se negaron a cambiarme el billete de 200€ que tenía. Busqué un banco. Le pagué por 30€ pero la máquina me echó 29,70€ (parece que el dependiente se quería cobrar una comisión a mi costa). Entré para reclamarle eso y la diferencia de precio entre el cartel y el que me habían cobrado (de 1,71 a 1,68 €/l). Entre una cosa y la otra me entretuve allí 20 minutos, pero puse las cosas en su sitio. Hay piratas en to's laos, no solo en España.

Después carretera. Una vez más, crucé la frontera sin darme cuenta. Encima, como en parte se habla el mismo idioma, aún más complicado saberlo.
Paré a comer en un McDonalds y tuve que preguntarle a la dependienta en qué país estaba.

Esa noche iba a alojarme en casa de una pareja de couchsurfers. Tenía un número de teléfono (sin prefijo internacional, no sabía bien cómo llamar), una dirección y una hora. Desde el McDonalds mandé otro mensaje por la web y decidí aparecer directamente en el sitio.

Tardé poco en llegar a Utrecht. Aún quedaba un rato para la hora en cuestión, así que me di un paseo por la ciudad.
Holanda odia los coches, especialmente en los cascos urbanos, así que cuesta aparcar sin tener que pagar un huevo por ello (y cuando digo un huevo, digo zona azul de 4€ la hora). Pero, aquí un servidor, lo consiguió.
Sin plano, sin planes, simplemente vagué por las calles durante las dos horas de que disponía.

Utrecht es una pasada. El casco histórico lo tiene todo: rinconcitos, grandes edificios, bonitos jardines, tranquilidad y vidilla. Todo, en serio. Ninguna calle está desierta, y ninguna calle está atestada. Hay terrazas con gente y jardines tranquilos, calles comerciales y callejones encantadores, canales con patos y barcos con fiestas. Es una de las ciudades en las que da pena no vivir una temporada.

Cogí el coche para ir a conocer a mis nuevos "caseros". Vivían en el extrarradio, y eso me dio la oportunidad de conocer otra nueva faceta de la ciudad: no es sólo un bonito casco histórico, sino que cuenta con un parque tecnológico y un ensanche con una arquitectura muy moderna y que le da a la ciudad una nueva dimensión económica. Mis enhorabuenas a los alcaldes que han confeccionado aquello.

Alex y Maryam no esperaban ya mi visita. Al no haber llamado, no contaban conmigo, y habían estado  muy ocupados para leer el mensaje que les dejé por couchsurfing. Su piso era de nueva construcción, muy moderno, muy limpio, muy bonito. Daba gusto estar allí, hasta me daba algo de corte.

Me alojaron con una gran sonrisa y mucha timidez. Ellos estaban más nerviosos que yo, creo. De cuando en cuando se disculpaban por tener cosas que hacer y no estar conmigo. ¡Y eso que en cada pausa de su trabajo aprovechaban para cruzar unas palabras con el visitante! Yo estaba encantado de estar allí, y me parecía lo más normal del mundo que tareas.

Todos nos fuimos pronto a la cama. Maryam tenía una importante entrevista temprano al día siguiente, Alex la acompañaba y yo estaba cansado.

Como es normal, no querían que yo me quedase solo en la casa, así que tuve que despertarme para salir de ella tan pronto como Alex. A las 7:20 estaba sonando mi despertador. Me invitó a un café, dejó que me preparara un sandwich y salimos. Aproveché que estaba empecinado en llevar mi coche para dejarle en la puerta de su oficina.

Hoy tenía pensada una visita más organizada. Como tenía una guía que Maryam y Alex me habían prestado, hice un itinerario. Compré la visita a la torre del Dom, que me la pusieron a las 12 y me di un paseo.Ya casi lo había visto todo el día anterior, aunque sin saberlo.

La visita a la torre, aun sin ser el novamás, es obligada. Aparte de las pinceladas de historia de la ciudad que te da la guía, la panorámica desde lo alto es fundamental. El día estaba muy despejado y pude incluso divisar Amsterdam desde allí. Después enfilé el parque Wilhelmina, que me había recomendado Tere por facebook. Estaba "petao" de gente aprovechando uno de los primeros días de sol que habían tenido en 2 semanas. Yo me hice pasar por un lugareño, me quité la camiseta y me tiré en el cesped. Estuve allí escuchando música y fumando un porrito (estaba en Holanda, qué menos) hasta que el sol me echó. Raro que los holandeses aguantasen y el español tuviera que marchar...

De allí enfilé los puntos recomendados por la guía. Muy bonito todo, pero no hace falta guía. La ciudad es simplemente bonita, en cada rincón. Nadie tiene que decirte qué ver. Y lo más reseñable, la torre del Dom se divisa desde casi cualquier parte de la ciudad.

Como a veces me pasa, se me habían pasado las horas sin probar bocado y estaba muriendo de hambre. Hice la gran horterada de pararme en un bar de comida española. Eso decía en el cartel, pero la comida no tenía nada que ver con la nuestra. Allí comí unas extrañas albóndigas con patatas fritas y un par de cervezas. Hablé un poco con la camarera, que me confirmó que el cocinero no era español (ni probablemente nunca habría probado la comida española). No es que estuviera malo, es que simplemente no tenía nada que ver con lo nuestro.

Luego busqué el Cafe Olivier's, que supuestamente también me había recomendado Tere. Allí tomé otra cerveza (comencé a encontrarme contento). Intenté quedar con Alex para invitarle a una, pero me dijo que iba directo a casa, a esperar a Maryam que traía buenas noticias. Me alegré de que consiguiera el proyecto.

De vuelta al coche me crucé con el België Kafee, que probablemente era lo que me quería haber recomendado Tere. Pero llegaba tarde y ya había bebido suficiente. Además, Alex y Maryam me esperaban para cenar. La cena (que comí casi sin hambre debido a las albóndigas) consistió en unos noodles al curry y ensalada. A eso le siguió la cerveza de la celebración de éxitos y una agradable charla.

Supe entonces que Maryam era en realidad Iraní, a pesar de hablar fluidamente flamenco. Había llegado a los 22 años a Holanda, conocido a Alex y re-comenzado su vida allí. Tuve ocasión de conocer la impresión de alguien de mi edad que había vivido en el régimen iraní, y la de su marido, que lo había vivido en segunda persona. Interesantes historias, hacen que la vida de uno parezca un folio en blanco.

De nuevo prontito a la cama. Mañana toca madrugar de nuevo y algo de coche. Por fin vuelvo a Alemania y enfilo Stuttgart. Estoy disfrutando de esto, pero quiero volver a algún sitio que pueda llamar "casa".

lunes, 23 de julio de 2012

Día 12 - 22 de julio (domingo)

Despertar: sobe las 12 Rumbo: Brujas y Gante
Kilómetros: 220 Personas: nuevas, ninguna
Tiempo: soleado Ciudades: 2
Pernocta: Bruselas Gasto: 40

Pasé de ponerme el despertador. Me había acostado tarde y contento, así que nada de horarios mañana.
Me levanté sobre las 12. Duchita, crispis y pa'l coche.

Margaux se vino conmigo. Íbamos a visitar Brujas y Gante. Yo tenía mucha ilusión: por fin iba a quitarme la espinita que tenía con Brujas.

En algo menos de una hora estábamos ya en Brujas. Para los Belgas, eso es una distancia grande para conducir, según me estuvieron contando Max y Magaux.

Se puede aparcar sin pagar justo a la entrada de la ciudad, y así lo hice.
Lo primero que hicimos fue buscar dónde comer. Tenía un mapa similar al de Bruselas y tiramos de él. Fuimos a un acogedor sitio (L'Estaminet, en Park) donde nos atendieron amablemente (tal y cómo prometía el mapa) y nos sirvieron rica comida local. Yo me decanté por unas croquetas de pescado y camarones que estuvieron bastante ricas, aunque el plato me resultó algo escaso. Margaux tomó un extraño croque-monsieur redondo y muy relleno de queso.

Luego, siguiendo el consejo del mapa, pasamos del mapa (valga la redundancia) y nos perdimos por las calles caminando sin rumbo.
Brujas es preciosa, tal y como promete. No se trata de grandes edificios ni imponentes monumentos, sino de pequeñas callejuelas con mucho encanto, bellos rincones encondidos, sinuosos canales dividiendo los barrios, bonitas terrazas en las que pararse...
Por otro lado, está atestado de turistas. Hay demasiado, no se puede andar con comodidad por ningún sitio.

Antes de salir de allí de camino a Gante, Margaux me mostró una tienda de souvenirs muy peculiar: todos productos belgas para degustar. Desde cervezas a chocolates pasando por salsas, golosinas, licores, etc. Se llamaba algo así como bbe y está en Wollestraat. Allí compré un set de 8 cervezas belgas diferentes que tengo la intención de liquidarme con Fabi al llegar.

Tras eso cogimos el coche y pusimos rumbo a Gante.
De la ciudad os puedo decir que es bonita y poco más. No pude verla bien, pero fue por un buen motivo: había un festival de música, puestos callejeros, cerveceo y demás por toda la ciudad (el Gentse Feesten). El ambiente era genial. Caiminabas y caminabas por la ciudad y no paraba de haber escenarios, gente divirtiéndose, puestos de artesanía, artistas callejeros, etc. Si os pilla por la zona, no dudéis en pasaros.
Me comí por fin allí un gofre (waffle dicen ellos), que aún no lo había hecho. Y compré unas golosinas típicas de Gante.

Nos dimos un buen paseo por la ciudad. Es también muy bonita. De otro estilo a Brujas. Por supuesto, tiene su canal, pero esta en lugar de pequeñas casas, saca su belleza de los grandes edificios: iglesias, unviersidad, conventos, etc. Y tiene también su canal que le da ese toque especial a las ciudades de la zona.

Cuando estuvimos agotados, nos sentamos a tomar una cerveza y descansar. Y de ahí al coche y a emprender el regreso a Bruselas.

Margaux tenía que levantarse muy temprano, así que al poco de llegar se fue a la cama. Max se fue de cerveceo. Yo subí al dormitorio y me puse con el ordenador a escribir sobre los 3 últimos días, cosa que me llevó un buen rato, y luego a dormir.

Día 11 - 21 de julio (sábado)

Despertar: 8:30 Rumbo: Ninguno
Kilómetros: 10 Personas: 2
Tiempo: Nublado Ciudades: 1
Pernocta: Bruselas Gasto: 25€

Hoy se plantea un día interesante.

De entrada conoceré a mi primer casero de couchsurfing. Por otro lado, es sábado. Y para terminar, es el día nacional de Bélgica y yo estoy en su capital.

El desayuno de este hostel no es tan bueno como el de Luxemburgo. Lo cierto es que el hostel en general es peor que el otro.

Tas desayunar, recojo mis cosas y las meto en el coche. Hablé al hacer el check-out con el chico de recepción, que no me puso problema ninguno en que dejara el coche en el parking el tiempo que quisiera.

Los indonesios (porque eran dos, lo supe hoy) estaban aún buscando alojamiento. Los de couchsurfing no les contestaban, así que se estaban decidiendo por un camping que les había comentado el día anterior. Me pidieron que les llevara en el coche para no tener que pagar transporte, y acepté. Me cité con ellos a las 12 en el hostel. Antes de salir les dí el contacto de uno de couchsurfing que se había ofrecido a hospedarme y que yo no iba a aprovechar.

Hice una pequeña ruta que estaba recomendada en el mapa. Tuve ocasión de conocer el jardín botánico, la estación del norte y el barrio rojo de Bruselas. Esto último me sorpendió: no sabía que aquí también hay putas en escaparates (y de buena mañana, por cierto).

Luego subí al Parking 58 desde el que se divisan unas vistas cojonudas sin tener que pagar un duro.

Sobre las 12:30 estuve en hostel de vuelta. Los indonesios habían contactado con el tipo de couchsurfing con éxito, así que se quedarían en su casa. Buena noticia, ya no tenía que mover el coche.

Volví a salir a la ciudad. Quedaba menos para mi cita con Margaux (como se llama la que me hospedaría en su casa). Aproveché para comer unas patatas fritas con salsa andalouse y pasear.
En unos puestos de artesanía me encontraron las dos chicas canadienses. Estuve el rato que me quedaba con ellas paseando. Visitamos la catedral y nos hicimos unas fotos juntos.

Fui puntual, y estuve a las 3 en la Bourse, que es un punto de encuentro muy popular aquí y es donde me había citado Margaux.
Apareció esta, nos presentamos y nos fuimos, lo primero, a tomar una cerveza. Resultó ser una chica muy agradable y muy apañá. Quería enseñarme la ciudad, pero para ese momento yo ya lo había visto casi todo, así que tuvo que esforzarse y enseñarme sitios más especiales. Fuimos al Sablon, el Palais de Justice y nos dimos un interminable paseo hasta la casa museo de Victor Horta. También pasamos por unos interesantes barrios con anticuarios y mucha actividad por el día nacional (creo que era la rue de Blaes).

Después tomamos dirección hacia el hostal para recoger el coche.
Quise acercarla a su trabajo, pero resultó imposible. Había muchísimas calles cortadas por las fiestas. Dimos mil vueltas y finalmente tuvo que bajarse y seguir a pie cuando ya se encontraba cerca. Me sentí culpable: llegó más de media hora tarde por mi culpa.

De allí fui en busca de la casa. Margaux me había dado su llave, así que podía instalarme. Me pareció increíble que alguien le de a un desconocido las llaves de su casa, pero así fue. Y por si fuera poco, me dijo que podía comer, beber y cocinar lo que quisiera.

Resultó que su compañero de piso, Max, había cambiado de planes y se quedaba en Bruselas el fin de semana, así que estaba allí. Me presenté, cruzamos un par de frases, le pedí la clave del wifi y me metí en mi cuarto.
Estuve un buen rato navegando por internet, hablando por skype y descansando.

Sobre las 10 salí. Coincidí con Max, que se disponía a hacerse la cena, así que le acompañé tanto en la elaboración como a la mesa.
Tras comer, salimos a dar una vuelta a un bar. Al poco se nos unió Margaux, que ya había terminado de trabajar. Estuve bebiendo las cervezas que Max me iba recomendando, a cuál más rica y a cuál con más grados. Y así estuvimos hasta que el bar cerró (otra ciudad donde voy cerrando bares).

Después pa casa. Un ratito de conversación antes de dormir, y pa la cama.

Mañana ma proponía ir a Brujas y Gante, pero con la hora que se me ha hecho, no sé yo...

domingo, 22 de julio de 2012

Día 10 - 20 de julio (viernes)

Despertar: 8:20 Rumbo: Bruselas
Kilómetros: 230 Personas: 4
Tiempo: Nublado con chubascos Ciudades: 1
Pernocta: Bruselas Gasto: 40€

El jueves tuve ciertos problemas para encontrar dónde dormir en Bruselas. En principio cogí un HI hostel para dos días, pero pronto me mandaron un e-mail diciéndome que no podían hospedarme el sábado, sólo el viernes. Busqué algo más, sin resultados, y decidí dejarlo así. Ya lo solucionaría.

Me volví a levantar temprano para aprovechar el desayuno. Volví a hacerme un bocata.

Luego mandé por facebook un mensaje a Julia diciéndole que sentía mucho no aprovechar su hospitalidad, pero que quería marcharme para tener tiempo de visitar todo lo que quería ver. Me contestó que lo entendía.

Antes de abandonar Luxemburgo quise subir de nuevo al Kasernen para hacer unas fotos desde allí, puesto que ayer no llevaba mi cámara en ese momento.
Tras eso me puse en marcha.

Tenía el depósito lleno de barata gasolina luxemburguesa (aquí cuesta 1,39€ el litro), pero aún así quería parar justo antes de salir de Luxemburgo para aprovechar este precio. Lo malo es que sin darme cuenta crucé la frontera, así que no pude apurar esta oferta. Un error, porque en Bélgica está a 1,72€ el litro.

El camino, la llegada y la localización del hostel fueron sin problemas.
El albergue está situado en pleno barrio de inmigrantes, a las afueras del centro de la ciudad. Al que le impongan los ambientes "raros" le dará miedo el barrio, abarrotado de árabes allá donde mires. Hice el check-in, aparqué el coche dentro del parking del hostel y me bebí una cerveza mientras miraba internet. Había solicitado algunos couchsufings y quería ver qué tal. ¡Tenía una respuesta afirmativa! Genial, ya tenía cama para mañana.

Fue curiosa mi impresión de Bruselas. De entradas pensé "¡joder, qué fea!". Luego fui viendo sitios algo más bonitos. "Pues no está tan mal." Mi impresión fue cambiando gradualmente. Hasta que llegué a la Grand Place, donde pensé "¡qué bonito todo!" No es que esto sea Florencia (ni Luxemburgo siquiera) pero es bonita. Y algunos detalles son impresionantes. La Gran place, insisto, es preciosa.

Además fui viendo que la gente aquí es muy abierta, muy callejera y muy simpática. Y para mí eso es unas de las cosas más importantes de una ciudad. Me dio una impresión tan buena que la he convertido en mi segundo objetivo para buscar trabajo.

El paseito se convirtió en una visita en toda regla. Llevaba un mapa-guía que había pillado en el hostel y éste me apañó la visita al completo. Tenía muchísimas recomendaciones muy útiles y todo escrito por personas de Bruselas y con la intención de que el turista se divierta y no gaste mucho dinero. Por si alguien lo busca, estos mapas se pillan en una oficina llamada Use-it, en Steenkoolkaal.

De la Gran Place busque el más que decepcionante Maneken Pis. Luego me perdí un poco, caminando adonde se me antojaba sin mirar el mapa.

Sobe las 18h ya estaba bastante cansado, así que emprendí el camino de regreso al hostel. Eso sí, antes comí algo en una tabernita que encontré con ambiente local.

En el hostel conocí a Valerie e Isabelle, dos canadienses que están en Europa viajando por 90 días o algo así. Tienen un gigantesco mapa del continente entero, donde van marcando los sitios que han visto y que quieren ver.
Me senté con ellas y les estuve comentando lo que me parece a mí tal o cual ciudad; cuáles deben visitar y cuáles pueden obviar. En eso estuve entretenido hasta casi la medianoche.
De tanto en tanto hablaba con nosotros un indonesio que estaba desesperado buscando alojamiento. Para su presupuesto todo resultaba carísimo.
Les comenté a los 3 sobre la existencia de couchsurfing y carpooling, y me lo agradecieron mucho. Lo cierto es que les solucioné bastante con eso.

Las canadienses se fueron a la cama. Yo terminé mi cerveza y me fui a dormir también. Eran algo más de las 12.

Día 8 - 18 de julio

Despertar: 8:30 Rumbo: Luxemburgo
Kilómetros: 365 Personas: 4
Tiempo: Principalmente soleado Ciudades: 1
Pernocta: Luxemburgo Gasto: 80€


Un día ilusionante: el comienzo del pequeño tour por la "Benelux".

Había quedado con Julia a las 10 en la Hauptbahnhof (estación central) de Stuttgart. Y fui puntual, para sorpresa de la alemana, que esperaba que un español llegara tarde (eso me lo confesó después).

La muchacha resultó ser una chiquilla de 19 años que había estado en Stuttgart visitando a su novio. Alta, con rasgos muy alemanes, guapetona y de pintas desaliñadas. Una vez más, estoy de suerte.

Estuvimos todo el viaje hablando (en inglés, no puedo mantener una conversación en alemán y por el momento me interesan más las personas que el idioma).
Al parecer, existe la costumbre en Alemania de, tras terminar el instituto, tomarse un año libre para hacer un voluntariado. En el caso de ella está con la Cruz Roja cuidando viejecitos en un hospital.

A la entrada de Luxemburgo, un pequeño atasco. En contrapartida, el tiempo era soleado y la temperatura muy agradable.

La chica insistió en que no la dejara en casa y me guió hasta el albergue (un Jouth Hostel). Hice el check-in y me pedí una cerveza. Arrastraba hambre, pero preferí relajarme un rato en la fantástica cafetería del albergue. Aproveché para mirar internet y hablar con mi familia por Skype.

Luego un pequeño tour por la ciudad, así en solitario.
Luxemburgo es muy bonito. Una visita realmente recomendada y andas por la zona. Una ciudad metida en un frondoso valle. Y cuando digo ciudad quiero decir pueblo grande, porque pese a ser una capital de estado, es realmente pequeño. Te la puedes hacer entera andando en un suspiro. Pero merece la pena recrearse en sus callejuelas, sus innumerables miradores, dar un paseo por la orilla del río serpenteante, empaparte un poco del ambiente. Dan ganas de recrearse con cada rincón. Aunque, eso sí, no esperes una extensa visita cultural porque no la hay. Insisto, es muy pequeño.

Al poco recibí un mensaje de Julia para quedar conmigo a las 18h. Aún tuve tiempo de perderme un poco más antes de volver al albergue a ducharme y encontrarme con ella.

Apareció sola y dispuesta a enseñarme sus rincones preferidos de la ciudad. ¡Qué encanto de niña! No sé de dónde le viene esa fama a los alemanes; los que me cruzo yo son geniales.
Me llevó primero a un mirador que en su momento fue una muralla de defensa (el Karsernen). Desde allí se domina toda la ciudad, las vistas son excelentes. Luego pasamos por el museo de arte moderno (encabezado por un pequeño castillo) para ir hacia la zona de los organismos de la comunidad europea. Unos edificios modernos muy espectaculares, recubiertos de vidrios, que, no sé por qué, me recordó a la zona de "Parque de las Naciones" de Madrid.
Allí nos colamos en un autobús para volver al centro. Entonces buscamos un segundo mirador (su segundo lugar preferido de la ciudad, detrás del primer belvedere). Y de allí bajamos por unas escaleras (esto son todos cuestas y escaleras) hasta la orilla del río.

Finalmente echamos en ancla en la Place D'Armes, donde se disponía a tocar en un kiosko una "big band". Para contrastar con tanta elegancia, comimos de McDonalds. Ya se habían incorporado en ese momento Paul (un simpático luxemburgués de unos 40 años) y Alexandra (una guapísima alemana de unos 22).
La comunicación fue un poco difícil. Ellos tres están acostumbrados a hablar alemán entre ellos, pero yo no puedo seguir la conversación, así que se esforzaron un poco y hablaron en inglés.

Para terminar la noche dimos un último paseo, repitiendo algunas de las anteriores vistas pero de noche y luego cada mochuelo a su olivo.

Me han hecho una pequeña guía en una servilleta para visitar el resto del país mañana. Y si decido quedarme aquí estoy invitado a comer con Paul y sus amigos. Por otro lado, Julia me ha ofrecido su casa si decido dormir aquí el viernes.
Aún no sé que haré al respecto. No quiero rechazar tanta hospitalidad, pero creo que esta ciudad no va a dar mucho más de sí. Miraré la Lonely Planet a ver que tal.

jueves, 19 de julio de 2012

Día 9 - 19 de julio (jueves)

Despertar: 8:20 Rumbo: Haute Sûre
Kilómetros: 160 Personas: 0
Tiempo: Nuboso Ciudades: 5
Pernocta: Luxemburgo Gasto: 55€

Me tuve que poner el despertador muy temprano para poder pillar el desayuno (que algún sádico ha puesto de 7 a 9). Pero está incluido en el precio y estoy queriendo recortar gastos drásticamente. Y con esa filosofía, y haciendo gala de españolismo, me preparé un bocata en el desayuno que me llevé a mi excursión.

Lo malo de compartir habitación con otros 5 es que, como no, molestan. A las 5 a uno le sonó el móvil y encendió la luz. A las 7 tenían puesto el despertador 2. Uno más que se levanta para ir al baño. Vamos, que no me dejaron descansar todo lo bien que hubiera podido.

Ni siquiera habían dado las 10 cuando estaba ya en marcha. Destino: el lago de la Haute Sûre, que me había recomendado Julia tan encarecidamente. Tuve que cruzarme medio país para llegar, pero eso aquí son 50 kilómetros. Eso sí, sin autopistas.

Al primer sito al que llegué fue Lultzhausen. Por algún motivo han elegido este "pueblo" para ser la entrada y centro turístico de la zona del lago. Y lo digo así porque es un complejo de no más de 20 o 30 casas, un albergue juvenil y un puesto de información turística.

Me hice con un mapa y me hice una de las rutas de senderismo. Subí una montaña y encontré allí unas cuantas rocas enormes caprichósamente dispuestas. ¿Quién se habrá entretenido en esto? pensé. Luego vi una enorme lasca de granito clavada en el suelo, con unas hendiduras a todo lo largo, de modo que parecía una regla. ¿A qué vendrá esto?
Al terminar la ruta (que, dicho sea, la hice en sentido inverso) vi la explicación: unos escultores habían puesto allí estas "obras de arte". Y no eran las dos únicas, había más repartidas por los montes de la zona. Lo cierto es que me pareció una tontería.

Como no tenía más ganas de caminar, fijé un destino con el coche. Decidí ir a Wiltz, donde según leí, había un parque con unas esculturas y me pareció que quizás fuera interesante.

De camino a Wiltz me crucé con la carretera que iba a Esch sur Sûre, y decidí tomarla para ver este pueblo. Gran acierto.
Un pequeño pueblo de montaña, con bonitos edificios, cuidados jardines, el pequeño río pasando a su través y las ruinas de lo que fue un castillo defensivo.

Me llevé un buen chasco al llegar a Wiltz. Para empezar, estaba muy cansado y hambriento, así que mi actitud no era buena.
Por otro lado, fui incapaz de encontrar los jardines aquellos. Y cuando intenté visitar un palacio que se divisaba en el monte, no tuve narices de encontrar el camino. Así que me fui de la ciudad sin visitarla apenas.
Por poner una reseña, se ve que aquello es la capital de la zona: es grande y tiene hipermercados, a diferencia de los otros pueblos en los que a veces no había ni un mísero bar.

Para terminar mi viaje decidí ir a Vianden, donde Paul había dibujado el día anterior un castillo. A ver qué tal.
De nuevo, un acierto. El castillo, perfectamente restaurado (que no reconstruido) se encuentra enmedio de esa exuberante naturaleza que hay aquí. En medio, sí, pero en lo alto de una de las montañas, que a su vez está rodeada por un río. Vamos, toda una estampa. Realmente bonito.
Entré en el castillo. Ya que estaba allí no iba a quedarme en la puerta ¿no? Pues eso fue un error. Si has visto un castillo por dentro, los has visto todos. Nada especial, no aporta nada nuevo. Podría haberme ahorrado los 6 euros de la entrada.

Para ese momento, ya no podía más con mi cuerpo. Entré en una de las terrazas con vistas al castillo y me pedí una cerveza (que tuvo un precio muy razonable: 1,90€). ¡Me devolvió a la vida! Al parecer eso era todo lo que necesitaba: una cerveza.

Aún así, tras la merecida birra, me fui de vuelta a Luxemburgo, esperando que el camino me tomara más de una hora. No fue así, apenas tardé 45 minutos de nuevo.

A pesar de haberme repuesto mucho con la cerveza, lo que me pedía el cuerpo era descansar. Mandé un mensaje a Julia para decirle que hoy no saldría, me duché y me acomodé en el hostal.
Luego fui a buscar una hamburguesa para comer y vuelta al hostal. Estaba cansado y necesitaba organizarme para llegar a Bruselas mañana, así que no lo dudé más: hoy me quedaba aquí, en este sofá, con mi ordenador en el regazo y una cerveza en la mesa.

Mañana conoceré un nuevo país.

miércoles, 18 de julio de 2012

Días 6 y 7 - 17 de julio de 2012

Despertar: sobre las 10 Rumbo: ninguno
Kilómetros: pocos Personas: 3
Tiempo: Nublado con chubascos Ciudades: 1
Pernocta: Stuttgart Gasto: unos 40€


Un par de días de descanso relativo.

El lunes dediqué el día a organizar mis cosas correctamente, descansar, pasear y esas cosas tranquilas. Aproveché para hablar con gente por Skype y dar señales de vida.

A las 18:45 había quedado con Fabi para ir a correr. Me parece una manera genial de conocer un poco el entorno. Lo que no contaba es con lo quemado que estoy. Corrimos 45 minutos y desde el 30 pensé que me moría. Pero no quería quedar como la maricona, así que mantuve el tipo hasta el final. Me quedó claro que necesito hacer algo más de ejercicio.

Luego fuimos a visitar a Pandu, un ex compañero de trabajo de Fabián. Éste tiene pensado abandonar la habitación en la que vive antes de septiembre, y yo sería el siguiente ocupante.
El sitio me pareció bastante feo y cutre, pero por el precio que se baraja (unos 320€ incluyendo luz y agua) no está tan mal. Además está muy bien situado, al lado del Mitte (el centro), así que, como una solución transitoria, me parece más que bien.

El martes fue un poco mejor. Ya me había repuesto completamente del viaje de 4 días. Me desperté tempranito de forma natural. Organicé lo que me quedaba por organizar y comencé con el "plan de ataque": me hice una lista de las casas de subastas que hay en Stuttgart (uno de los tipos de negocio donde yo puedo trabajar).
Para mi sorpresa, hay un montón. En total debe haber más de 20, de los que seleccioné unos 15. Para una ciudad con 600.000 habitantes es tela. Lo tomaré como una buena señal.

Al día siguiente salía hacia Luxemburgo, para pegarme una semanita viajando por la zona. Entre lo poco organizado que tenía esto y las pocas ganas de correr que tenía, tuve que dejar en la estacada a Fabi para correr (no sin avisarle por mensaje).

Encontré un Jouth Hostel muy aparente y barato en el centro de Luxemburgo e hice la reserva.
Luego encontré a una compañera de coche con la que compartir gastos y conversación.
Ya tenía todo listo.

Llegó Fabi contándome que esa noche habría timba de Wii en casa. ¡Bien! Me apetece.
La cosa se vino a menos. Al final fuimos Fabi, un compañero suyo de trabajo (cuyo nombre no recuerdo y yo). Echamos unas partidas al Rock Band (en las que dejé clarísimo que nunca seré percusionista), compartinos una pizza y luego a la cama.

Despertador a las 8:30. Menos de 7 horas para dormir. Espero descansar, mañana quiero que me cunda el día.

lunes, 16 de julio de 2012

Día 5 - 15 de julio de 2012, domingo

Despertar: 11:40 Rumbo: Ninguno
Kilómetros: 15 Personas: 1
Tiempo: Nublado con chubascos Ciudades: 1
Pernocta: Stuttgart Gasto: 20€


Hoy toca descansar.

Sin despertador, estuve durmiendo desde las 2 hasta más de las 11. Y aún así, no estaba totalmente descansado al despertar. Pero me levanté igual, no quería pasarme dormido todo el primer día aquí.

Lo primero, desayunar, que ayer no había cenado y arrastraba hambre. Fabi no tenía leche ni pan, al menos a la vista. Me apañé un capuchino soluble (que sí había, menos mal). Yo aún tenía cosas en mi "despensa" del coche (una bolsa de cartón), y había algo de pan y unas magdalenas. Prueba superada.

Aún algo zumbado por los días anteriores, iba a un ritmo lento. Fui ordenando un poco, mirando internet otro poco. Me di un pequeño paseo buscando el coche de Fabi (donde estaba lo necesario para activar mi móvil alemán). Un pequeño reconocimiento del barrio y otra vez a casa a seguir haciendo cosas... y a estar tirado en el sofá también.

Sobre las 17h ya estuve harto de estar encerrado y me fui al centro a echar un vistazo.
Gran acierto. La ciudad es bonita. Todo muy cuidado, se ve que hay dinero aquí.
La zona del centro está muy bien. Tanto la fisionomía como los edificios son muy bonitos, con grandes espacios ajardinados, ámplias plazas, pequeños y grandes edificios muy alemanes, callejuelas con encanto... me gusta. Y encima había una vida en la calle increíble.
En una plaza encontré una especie de festival. Había un gran escenario en el que se daba un concierto (de música latina, como le gusta a esta gente) y puestos de comida, cerveza y artesanía alrededor. Y en el centro los clásicos merenderos que todos hemos visto en las fotos del Oktoberfest.
Pasado ésta, comenzaba una gran zona ajardinada a la que precedía el Neues Schloss (un edificio inspirado en Versalles, a pequeña escala). En estos jardines había montado otro escenario, esta vez con una descomunal pantalla y dos presentadores de televisión justo bajo ésta.
En resumen, montones de personas en la calle.

De allí salí en el coche hacia el aeropuerto para recoger a Fabián, que llegaba sobre las 20h. El aeropuerto, aunque chiquitito, también rezuma poderío económico.

Éste venía reventado de haberse pegado una juerga y luego un día de turismo en París. Pero Fabián está hecho de otra pasta, así que tras un ratillo en la casa charlando, salimos a cenar a un sitio cercano cuya especialidad es el pollo. Y de pollo nos pusimos hasta el manillar por 14€ cada uno.

Minivuelta por el barrio, una partidilla de Wii en casa y pa la cama, que mañana es lunes.

domingo, 15 de julio de 2012

Día 4 - 14 de julio de 2012


Despertar: 9:30 Rumbo: Stuttgart
Kilómetros:  650 Personas: 2
Tiempo: Nublado, chubascos Ciudades: 1
Pernocta: Stuttgart Gasto: 100€


Pasé una noche bastante mala. A pesar de lo cargado que llevo el coche, se me olvidó echar el saco de dormir, así que pasé frío. Intenté abrigarme echándome por encima una toalla, una sudadera, un chubasquero, pero nada, no conseguí estar a gusto.
Por si fuera poco, debía haber fiestas en Lyon y no paraban de sonar fuegos artificiales. Y para cuando cesaron, comenzó el canto de los pajaritos. Total, que he dormido a ratitos y con frío.

Me levanté puntual y de mejor ánimo de lo que se podría esperar. Me duché, desmonté el campamento, desayuné de aquella manera y decidí no entretenerme en conectarme a internet porque eran ya las 11 y quería salir pronto.

De nuevo en ruta.

Durante la parte del trayecto que se desarrolló en Francia el panorama era el mismo. Pequeños y medianos atascos. A medida que me iba acercando a la frontera con Alemania se veían coches, camiones y autobuses de más nacionalidades. Al principio saludé a algunos españoles tocando el claxon. Luego lo dejé.

El almuerzo lo hice en una estación de servicio espectacular aún en Francia. Un caro sandwich de pollo, un café y p'alante.

Si desde España a Francia apenas te das cuenta del cambio de país, de Francia a Alemania te das cuenta aún menos: ni siquiera hay unas montañas para separarlos; sólo un río con un puente normal.
Eso sí, deja de haber atascos cada 20 minutos.

Estaba comido, descansado y con muchas ganas de llegar, así que mi intención era no parar hasta llegar a Stuttgart. Ya me quedaban sólo 120 km. Pero Muphy hizo aparición. Me comí la madre de la madre de todos los atascos que haya habido nunca. Al parecer un viaducto se había roto y la autopista por la que viajaba estaba totalmente cortada (al menos eso me contó el alemán que iba en al coche detrás del mío). Para recorrer los 15 km que me faltaban para llegar a la siguiente salida de la autopista tardé más de 3 horas. Y todo ese tiempo con el coche amenazando con quedarse sin gasolina. Bastante agobio, aburrimiento, cabreo, desesperación y maldiciones varias.

Cuando finalmente llego a la salida me encuentro con el siguiente problema: el GPS siempre calcula la ruta por las vías más principales, así que no sabía cómo demonios ir a Stuttgart sin volver a la autopista cortada. En sacar eso adelante tardé más de una hora, en la que estuve también ocupado en cagarme en todo aquello que pasaba por mi cabeza. Al final, sin saber cómo, volví a la autopista pero más allá del viaducto roto.

Un punto positivo es que parte de la autopista que cogí en esos últimos 100 km era una de las legendarias autopistas alemanas sin límite de velocidad. Ahí me desfogué. Había repostado y necesitaba algo de adrenalina. Hasta entonces no sabía de lo que mi coche era capaz. Definitivamente los 120 km/h no son su medio: se encuentra más cómodo a partir de 150. Estoy más contento que nunca con él.

En total acumulé más de 4 horas de retraso sobre el tiempo que había previsto. Llegué a Stuttgart pasadas las 22h, cansado, enfadado y con dolor de cabeza.

Tenía que encontrarme allí con Rafa, aun amigo de Fabián que tenía las llaves de su casa (puesto que Fabi estaba fuera de la ciudad el sábado). Ya había hablado con él (Rafa) en el atasco, y me había dicho que estaba en Munich, pero que volvería sobre las 9.
Fuí hasta su casa, llamé al timbre, pero nada. Lo llamé al móvil: apagado y buzón de voz. Cabreo, cabreo grande.
Llamé a Fabián: "¿Tú sabes con quién anda éste? Es para ver si puedo localizarlo en otro número". Pues no, no lo sabía.
Asumo la situación y vuelvo al coche, aparcado delante de la casa de Rafa, a esperar. Gracias a dios, al menos tenía algo de cerveza fresca. De fondo se escuchaba, no lejos, el sonido de una gran fiesta (verbena), con música hortera y fuegos artificiales.
Me acomodé como pude e hice como el que se iba a dormir. A estas alturas creo que tengo una especie de síndrome de Estocolmo con mi coche. A pesar de la cantidad de horas que estoy echando dentro de él, seguía sintiéndome cómodo y era el lugar en el que quería estar en ese momento. Es raro, digno de estudio.

Pasadas unas 2 horas llegó Rafa. Para entonces mi cabreo se había disipado bastante. Me contó que había pillado muchísimo tráfico para volver de Múnich y que se había quedado sin batería. Me dio las llaves, nos despedimos y puse rumbo a casa, rezando por tener ningún percance más.
No lo tuve. El GPS me llevó directo a la puerta. Solté el coche muy cerca, descargué (necesité 3 viajes y ni siquiera terminé de sacarlo todo). Luego aparqué correctamente, subí a casa, me preparé mi cama y me eché a dormir, no sin antes bichear un poco internet.

Me esperaba una noche en una buena cama, en un lugar silencioso y agradable y sin despertador. Ya era hora, lo necesitaba.

Día 3 - 13 de julio de 2012

Despertar: 9:30 Rumbo: Lyon
Kilómetros: 690 Personas: 1
Tiempo: Nublado, llovizna Ciudades: 1
Pernocta: Lyon Gasto: más de 100€



Al final el alemán me dejó tirado. Lo llamé varias veces entre las 11 y las 12. Daba señal pero no contestaba. Cuando ya estaba abandonando Barcelona me llamó. Me dijo que se acababa de levantar, que le diera unos minutos. Un par de minutos después volvió a llamarme y me dijo que estaría un día más en Barcelona, que me fuera y que estuviéramos en contacto.
Lo cierto es que tengo intención de llamarle o mensajearle. Me pareció una persona interesante... y no le guardo rencor por el plantón.

Me costó un poco salir de Barcelona. El programa de navegación que he instalado (MapFactor) no es demasiado bueno. Pero es gratuito, así que no es que pueda quejarme demasiado. Finalmente encontré la ruta hacia Francia.
La frontera está mucho más cerca de lo que yo pensaba. Apenas tardé una hora y media en alcanzarla. Y el peaje también fue más barato de lo esperado: unos 17 euros.
Una nota sobre Barcelona y su circulación: ¡es peor que la de Sevilla! ¡Y mucho! Al fin encuentro una ciudad peor.

Lo primero que llama la atención cuando cambias de país es que la autopista es distinta. En principio es mejor. Pero al poco te das cuenta de que por buena que sea, no tiene más que atascos. Francia es el país de los atascos. No sé cuántos me he encontrado a lo largo del camino. Algunos más leves, otros de pararse completamente. Cada vez que un camión adelantaba a otro, se formaba la de dios. Y eso que habían tres carriles. Como "consuelo de tontos" tengo que en el otro sentido de la autopista el atasco era monumental casi todo el tiempo. No sé como los franceses siguen cogiendo el coche. Y para completarlo, casi todo el tiempo autopistas de peajes. En total, desde el paso de la frontera hasta Lyon me he dejado más de 40 euros en peajes. Si a eso le sumas el 1,63€ que vale el litro de gasolina, yo no tendría "voiture" aquí, me parece.

Almorcé en un self-service sobre las 15h. Era caro de pelotas, así que pedí lo más barato que se me antojó. De lo malo, una de las cosas era un puré de verduras: comí sano. Para compensar, el segundo plato fue una ración de patatas fritas. Así de cutre soy cuando me lo propongo.

En el primer peaje había dos chicas francesas haciendo autostop. Quise llevarlas, pero al ser dos y muy cargadas de equipaje estimé que no había sitio en el coche. No tardé en arrepentirme. Habría ido acompañado, y encima estaban buenas. Estoy seguro de que se hubieran acomodado en el espacio que había. Espero haber aprendido la lección y no dejar pasar más oportunidades así. ¡Coño, que a ese tipo de cosas es a lo que vengo aquí!

A pesar de ir solo, el viaje se me estaba haciendo liviano. Pero, como siempre, al avanzar las horas se acumula en cansancio y la necesidad de llegar ¡ya!.
Por fin llegué a Lyon. Entre lo tarde (que se me hiceron las 8 a lo tonto), que me han dicho que es feo y las ganas de descansar, pasé de visitar la ciudad. Era una decisión casi tomada ésta, y terminé de tomarla al ver el atasco de la ciudad.
Empezó a llover un poco, pero era poca cosa y además paró a los 20 minutos.

Llegué al camping. Me cobraron los 20€ prometidos en la web con todo (tienda, coche y yo). Planté la tienda en un santiamén en el mejor sitio que encontré (que es un sitio muy bueno, la verdad, no sé cómo estaba libre).
Los campings en Europa son pequeñas delegaciones de la ONU. A tiro de vista tengo un grupo de alemanas, una pareja de rumanos, otra de ingleses, daneses, holandeses, polacos, sudamericanos y, por supuesto, franceses. Me gustan estos ambientes, aunque estoy cansado, es tarde y no estoy hablando con nadie.

Fui al super que está cerca del camping. Compré jamón de york, pan, una cerveza (calentorra, no hay otra) y un par de plátanos.
Tras cenar, fui a la cafetería del camping con intención de conectarme a internet un rato, pero resulta que es (no me preguntéis por qué) demasiado tarde para darme la clave del wifi. Y lo cierto es que me lo creo, porque me ha atendido una chica colombiana muy simpática con la que he tenido una mini-conversación... está bien, también es atractiva, lo confieso. Pero no me siento ligón hoy, y creo que una Quechua no es una oferta razonable para intentar llevármela la huerto. Al menos he conseguido que me ponga en el congelador las dos placas de hielo de mi neverita. Mañana tendré cerveza fría :D

Ahora me pondré una peli. El netbook no para de rentabilizarse.
Tengo muchas ganas de llegar manaña a Stuttgart, soltar los bultos, conocer la ciudad y comenzar el miércoles a viajar sin agobios.

NOTA: desde que pasé la frontera no se me ha estampado ni un bicho en la luna del coche, pero en el camping, como en todos los campings, hay mosquitos. Menos mal que llevo aután.

Día 2 - 12 de julio de 2012

Despertar: 9:30 Rumbo: Barcelona
Kilómetros: 670  Personas: 5
Tiempo: Soleado - Nublado Ciudades: 1
Pernocta: Barcelona Gasto: 75 €



Me despierto puntualmente a las 8:30, para estar seguro de no llegar tarde a recoger al alemán. A las 8:40 miro el móvil y tengo e-mails. Uno de ellos es de Siggi, diciéndome que le han puesto una reunión y que se retrasará hasta, al menos, las 13h. ¡Me cago en to!

Me levanto definitivamente a las 9:30, sin tener muy claro qué demonios voy a hacer tanto tiempo. Desayuno, ducha. Un poco de ordenador: e-mails, facebook, skype con Alexia... Nada, sigue siendo muy temprano, maldita sea.

A eso de las 12, tras estar hablando con la madre de Fuen (que estaba de visita) de esto y aquello, decido ponerme en marcha. Cargo el coche y enfilo la plaza de Castilla.
Llamo a Siggi, pero tiene el móvil apagado. Verás tú...

Al poco, por fin, me llama él. Me pide que vaya a recogerlo al paseo de las Delicias (joder, la otra punta de Madrid). Habrá que hacerlo. Termino de escribir mi post anterior y voy en su búsqueda.

Por fin nos conocemos. Es un tipo alto, con pelo medio canoso, delgado, bien vestido y con pinta de buena gente. Al ver el coche tan cargado me dice "¡pero es que te mudas o qué!". "Pues sí" le contesto.

Nos ponemos finalmente en marcha a eso de las 14h. Para mi parecer, tardísimo. ¡Y yo que estaba listo a las 10!

Siggi resulta ser todo un personaje. Un buen compañero de viaje. He tenido suerte. Por poner un punto, es un alemán que fuma Ducados.
Nos vamos contando cosas. Especialmente él, creo, que ha vivido más y más intensamente. No sabría decir en cuántas ciudades me ha dicho que ha vivido: San Francisco, Barcelona, Tokyo, Isla Margarita, etc. Ni con cuantas mujeres ha estado. Las mujeres son sin duda su mayor afición, casi diría que el leit motiv de su vida. De hecho, tiene preparada a una amiguita para su llegada a Barcelona. ¡Qué tío! Casi intimida; lo tomaría de mentor. Jejeje.
No sé cómo ha tenido tiempo en sus 50 años de existencia de hacer todo lo que me ha contado. Un matrimonio de 15 años duración, del que tiene un hijo y una hija. Varias "pre-jubilaciones" y vueltas al trabajo. Montó un bar en Colombia. Se dedicó a compar flotas de coche en España para vendarlas a los rent-a-car de Alemania ganándose las ayudas del gobierno español (así de tontos somos, sí). Conoció (bíblicamente) a Miss Montreal 1982 en Isla Margarita, y fue en su búsqueda años después a Canadá.
Un poco me planteo si es verdad todo esto o es un tanto fantasma. Pero no parece de esos. Y no veo por qué querría impresionarme.

En el viaje hicimos muy pocas paradas. Y por muy pocas digo sólo dos: una para comer (tuvo el detalle de invitarme en compensación del restraso) y otra para estirarnos un poco. Teníamos prisa por llegar.

Llegamos a Barcelona sobre las 9. A las 9:30 llegué al parking. Casa de Reyes (mi amiga que me alojaba esa noche), duchita y a la calle.

Fuimos al encuentro de Aga, Serena y sus respectivas novias. Estaban en una de esas tasquitas barcelonesas con encanto que abundan en el barrio de Gracia. Las chicas se alegraron mucho de verme. Les conté mis proyectos y, como es de esperar, me dieron muchos ánimos. Yo las invité a visitarme.
Tras eso, nos sentamos en una terracita con otros amigos de Reyes. Más extranjeros. Parece que en Barcelona no hay barceloneses. Conocí a Elena y Silvia (dos italianas) y Mark, el novio inglés de Silvia, que le tiene alergia a hablar en español. Con él tuve una larga conversación sobre política en inglés. Como vio que le contestaba en su idioma, vio el cielo abierto y me acaparó todo lo que pudo.

Nos cerraron la terraza temprano y volvimos a casa. Allí estuve hablando con mi amiga hasta casi las 2. A la pobre la hice trasnochar a pesar de que tenía que trabajar al día siguiente. Pero la conversación valió la pena (como siempre con Reyes).

Ya he desayunado. Son las 11 y estoy esperando a Siggi. Espero que hoy no se retrase. Sería la segunda vez que el español espera la alemán.

Día 1 - 11 de julio de 2012

Despertar: 10:00 Rumbo: Madrid
Kilómetros:  541 Personas: 0
Tiempo: Soleado y caluroso Ciudades: 2
Pernocta: Madrid Gasto: 58,50 €



Tenía pensado abandonar Sevilla a eso de las 12 de la mañana. Todo estaba casi listo y el despertador puesto a las 9 para tener tiempo de sobra. Tan sólo quedaba terminar de cargar el coche con lo necesario para el viaje (el maletero con las cosas que necesitaría más adelante ya estaba lleno).
Sin embargo, algo tenía que retrasarme. No podía ser de otro modo: llevaba una semana con retrasos y el día D no iba a ser menos. Quería dejar todo listo para irme con "paz de espíritu" y una de las cosas era mi matrícula en el ciclo de formación a distancia que estoy haciendo. Terminar este trámite me llevó una hora. A eso le tuve que sumar ir a imprimir los papeles y entregarlos en correos (que me obsequió con una cola de más de 40 minutos). Total, dos horas de retraso.
Eso me dejó en Sevilla hasta las 14h, así que decicí comer para salir almorzado y tener que hacer una para y un gasto menos.

A las 15h ya estaba en marcha.
La carretera me dejó pocas sorpresas. Muchos kilómetros. Varios camiones con transportes especiales (varias aspas de generadores eólicos) y poco más.

A las 21h conseguí aparcar en Madrid y subir a casa de Chico y Fuen que me ofrecieron su hospitalidad. Bueno, no sólo su hospitalidad. También una copiosa cena, una rica sangría y varias partidas a la Xbox en las que me fue dejando en ridículo como corredor de F1 y como jugador del FIFA.

Estuve en la cama hacia la 1, aunque tardé un rato más en dormirme. Demasiadas cosas, supongo.

El despertador puesto a las 8:30. Mañana tengo que conocer a Siggi, el que será mi compañero de viaje hasta Stuttgart si todo va bien. A las 10h he quedado con él en plaza de Castilla. Estoy impaciente por continuar mi andadura.