martes, 20 de agosto de 2013

En Alemania se habla alemán

Inspirado en entradas como esta, en la que se explican las diferencias culturales que existen de un país a otro, y a pesar de que probablemente haya más de 10 personas que hayan escrito sobre este tema mejor que yo, voy a dejaros una entrada sobre lo que os llamará la atención de Alemania.


Beben cerveza

Éste no es un tema naif. Los alemanes beben mucha cerveza. Y lo hacen de forma diferente a los españoles.
Por ejemplo: la edad mínima legal para el consumo de alcohol es 18 años, pero para cerveza, es 16. Y aunque no es frecuente ver a chavalines bebiendo, tampoco es lo más extraño.
Por defecto, una cerveza es de medio litro, y no de 25 cl (o 20 cl) como en España.
La cerveza no es bebida de pobres. Es lo más habitual que veras pedir en la barra de un bar de copas o una discoteca. El cubata es algo mucho menos frecuente.
No puedes llegar a un sitio y pedir "una cerveza" (ein Bier), porque te van a preguntar que qué cerveza quieres. Esto no es España, aquí a la cerveza se la venera como allí al vino. Deberás especificar, como mínimo qué tipo de cerveza quieres (Weißbier, Helles, Pils, etc). Si quieres que te sorprendan con la marca habitual del local que estás visitando, puedes pedir "eine Halbe" -un medio (litro)- y puede que no te hagan más preguntas.
Nota: una cerveza de las españolas es una "Pils". Son similares la "Helles" y la "Export". Una "Radler" es una clara con limón.

Doble rasero

El alemán es un tipo acostumbrado a lidiar con inmigrantes. Aquí lleva viniendo gente a trabajar desde hace siglos. Como tal, te respetan y te ayudan. Son amables, pacientes y corteses. Pero esperan algo de ti: que tengas un respeto exquisito por sus normas. Un respeto que probablemente ellos no tengan.
Por ejemplo: te van a exigir puntualidad, y te dirán que si vas a llegar tarde por causa de fuerza mayor, que avises sin falta. Pero te has a hartar de esperar a alemanes. Ellos no son ingleses, y sí que llegan tarde.
Podrás ver un camión con sus 6 ruedas subidas en la acera descargando mercancía, pero llegará un alemán a tocarte las narices, golpeando con los nudillos la ventanilla del coche donde estás esperando a un amigo, para decirte que allí no se puede uno parar.
En resumen: al alemán le gusta aleccionar a los que vienen de fuera. En cierto modo es práctico, pues te van inculcando unas normas que facilitarán la convivencia. Y lo veo totalmente razonable: es su país, son sus normas, aquí el nuevo soy yo. Pero es, con toda seguridad, una tocada de pelotas mayúscula.
Aún así, insisto: los alemanes son con los inmigrantes respetuosos, pacientes, colaboradores y simpáticos.

No toques mi coche

En serio, los coches de los demás, no se tocan. No se rozan. Da igual qué coche sea, aunque sea un Skoda de 1985, ese coche no se toca. No se sienta uno en el capó. No se apoya uno sobre él para fumar un cigarro. No se le da un "besito" al aparcar. Es algo que debes tomar como un dogma de fe: no se debe tener ningún tipo de contacto físico con un vehículo ajeno. En esta entrada puedes ver más.

La cuestión del idioma

A ver, tal y como reza el encabezado, en Alemania, por extraño que parezca, lo que se habla es alemán. Así por comentaros, para mí es, excluyendo el español, la cuarta lengua que aprendo (o intento aprender). Y es, con diferencia, la más difícil. Si tú, amigo lector, hablas inglés, debo decirte que ese es probablemente el idioma más sencillo sobre la faz de la tierra. Un dato para ilustrarlo: el inglés tiene un sólo género y no se declina nada. El alemán tiene 3 géneros que se declinan en 4 casos diferentes y de 3 modos distintas (3x4x3 = 36 formas).
Los alemanes lo saben y actúan en consecuencia: tú intentas hablar alemán y el tipo/la tipa te contesta en inglés en el momento en que detecta que tienes la mínima dificultad. Ellos, por norma general, hablan buen inglés, así que no les cuesta trabajo, y, como ya he dicho, son colaboradores y pacientes.
Ahora bien, eso es en la calle. Si quieres trabajar, tendrás que hablar alemán. Mejor o peor, pero tienes que hablarlo. Y sobre todo, entenderlo sin problemas. En extrañas ocasiones o trabajos muy cutres te darán una oportunidad si no hablas nada de alemán.

Despídete... 3 o 4 veces

Aquí sigo siendo un maleducado. Yo en España, después de decir en una tienda "Gracias, hasta luego", me marcho y punto.
Aquí no. Aquí, después del "Gracias" te contesta el dependiente "De nada". Casi te vas, pero te acuerdas y le dices "Hasta luego". Te contesta "Hasta luego", te das media vuelta, das un paso y te suelta un "Adios". Tú ya estabas de espalda, yéndote sin despedirte según el protocolo, como un malcriado. Así que te giras y dices "Adiós" y reemprendes la marcha. Entonces escuchas "Que tenga un buen día". Y ya te das por jodido. Es que no tienes modales. Desesperas. Asumes que estás dejando a tu patria a la altura del betún. Giras el cuello, tímidamente sueltas un "Igualmente", miras al frente, agachas la cabeza avergonzado y rezas porque no vuelva a despedirse de ti el tipo.

El que no corre, se cuela

¿Quién dijo que los españoles no saben hacer cola? Por ahí lo he leído, y es probable que sea cierto. Pero el que es un auténtico maestro de las colas es el alemán.
Sí, el alemán. Ese tipo cívico, que no solo tira el vidrio en el contenedor de vidrio sino que tiene 3 contenedores de vidrio para el transparente, marrón y verde (literal). Ese tipo que ni piensa en cruzar la calle con el muñequito rojo del semáforo encendido. Ese tipo, ¡ése!, como pueda, se te cuela. Ojito con los alemanes en las colas o jamás llegarás a la ventanilla.

El alemán se prepara

Se prepara con antelación. Con mucha antelación.
Que un alemán que vaya a irse de vacaciones en septiembre... habrá concertado con alguien desde junio (o incluso antes) para que le vaya a cuidar el gato. Y no es una exageración, es un hecho constatado. Es sorprendente la cantidad de tiempo con la que pueden anticipar las eventualidades.
"¿Y a mí qué me importa?" dirás. ¡Te importa! Porque todo se hace con tiempo. Con mucho tiempo.
¿Quieres alquilar una habitación o un piso? Pues si lo quieres para enero, empieza a buscar en octubre, para que te entrevisten en noviembre, te confirmen en diciembre y te incorpores el 1 de enero.
Si vas buscando trabajo, tres cuartos de lo mismo. Salvo excepciones, las entrevistas son meses antes de la incorporación.

Cada alemán son 2 alemanes

Para terminar, una nota que te va a ayudar a comprender a este pueblo. Los alemanes tienen dos personalidades bien diferenciadas: dentro y fuera del trabajo.
Cuando llegué pensé que el mito del "cabeza cuadrada" era una tontería sin fundamento. Poco a poco vas viendo que existe un alto porcentaje de gente cuadriculada, pero sólo detrás de un mostrador. La puntualidad no es su mayor virtud, pero si se trata de un tema laboral, la cosa cambia y son más serios. Y así con otros muchos aspectos.
Si bien ellos son más "formales" que nosotros, donde realmente se nota una diferencia y los tópicos a los que estamos acostumbrados se hacen realidad, es en el ámbito laboral. En lo personal, no son tan distintos.
Esto da para una entrada entera... o para una serie de ellas, ya que otras muchas cosas son falsas (por ejemplo, su productividad es baja). Ya me extenderé sobre este asunto.

sábado, 3 de agosto de 2013

Dioses con 4 ruedas

Al llegar inscribirte como habitante de una ciudad en un ayuntamiento alemán (vamos, empadronarte) te preguntan tu religión. La mayor parte de los alemanes son católicos o protestantes. Hay una gran minoría musulmana (montones de turcos e inmigrantes procedentes de países islámicos). Pero ninguno declara su auténtica religión: los alemanes practican la adoración al automóvil.

Un coche en Alemania no es considerado del mismo modo que en España (ni ningún otro país que yo haya conocido). Los tetutones veneran sus Mercedes, BMWs, Audis e incluso Citroëns. Mantienen su coches limpios y bien cuidados, revisados, con intactas llantas que jamás han rozado un bordillo. Es muchísimo más fácil ver un Ferrari, Maserati, Tesla, Lamborghini o Aston Martin (no menciono Porsche porque es, literalmente, un coche frecuente aquí) que un coche con una abolladura o arañazo. Y esto último no es una exageración, es un hecho que se puede constatar con facilidad.

Hay una serie de normas y curiosidades alrededor de los coches que detallo a continuación:
  • No puedes sentarte sobre el capó de ningún coche aparcado (salvo que se tu coche, claro). Y más aún, tampoco puedes reclinarte o apoyarte sobre él. En pocas palabras: el coche ajeno no se toca, y punto.
  • No debes tocar los coches de delante o detrás al aparcar. Es en España práctica frecuente "dar un besito" al aparcar. En Alemania eso NO SE HACE. Y si tocas alguno de los coches, debes examinar detenidamente el coche afectado al terminar la maniobra para dejar tus datos del seguro en caso de que haya alguna marca del siniestro.
  • La posesión y uso de un coche es respetada por personas e instituciones. Por ejemplo, aparcar en prohibido, siempre y cuando no sea un claro estorbo para los demás, no está perseguido como en otros sitios. Montar medio coche en la acera de una zona peatonal no será motivo de sanción si no abusamos de este privilegio. Es posible llegar en coche hasta el centro de cualquier ciudad (olvídate de cascos históricos peatonalizados). Las multas de tráfico, si bien se ponen y llegan eficientemente (si tienes matrícula alemana), son de importes más que razonables.
  • Los talleres se preocupan del coche más allá de lo que el cliente pueda requerir. Si intentas practicar alguna reparación "pachanguera", se negarán a hacerla. Seguir las indicaciones del fabricante para la revisión es aquí algo que se practica con exquisita rigurosidad. Sin ir más lejos, el precio de la revisión básica de mi coche (un Smart Forfour) en un taller no oficial cuesta 250€ (en caso de que no haya que reparar nada). Mis amigos han pagado respectivamente en la Renault y Peugeot 320€ y 400€ por sus Clio y 207 básicos.
  • El tunel de lavado es poco menos que una cutrez. Y aún siendo una cutrez, no pagarás menos de 8€ por el lavado más económico. Un lavado barato, a la alemana, te costará 35€ (interior y exterior).
  • Ser abonado de ADAC (lo que en España es RACE) es aquí lo habitual.
Para terminar, os comento algo sobre el parque móvil tudesco. Sin contar excepciones, la edad media del coche la estimo yo en unos 4 años. ¿Adónde mandan los coches más viejos? Ni idea. Hay algunos coches con más edad, pero son o bien modelos que han dado un resultado especialmente bueno (es decir, hay modelos en particular que sí se ven con 10 años) o bien coches clásicos. He llegado a ver un DeLorean circulando.
Les encantan los buenos coches. Como ya he dicho, el Porsche es un coche más que frecuente aquí. Y no pasa un día sin que veas al menos 10 coches de altísima gama (Ferrari, Lamborghini, Aston Martin, Maserati, Bentley, etc). Por algún motivo que no alcanzo a comprender, también son frecuentes las americanadas tipo Mustang, Corvette, Camaro y demás.
Se podría decir que el coche medio aquí es el Mercedes/BMW/Jaguar o similar. Y el alemán no compra el básico: se lo compra full-equipe. Y aunque el tuning no es raro, no hacen las barbaridades que se ven en España: una mejora de llantas, algún alerón discreto o cosas así y "voilá": ahí tienes un Mercedes SL500 con otros 5000€ de tuneo encima.

lunes, 15 de julio de 2013

En capítulos anteriores...

Casi un año sin escribir ni una entrada. Y casi en año en Stuttgart. Me han pasado muchas cosas, me he sentido de muchas maneras y he pensado un poco de todo. No creo que se pueda resumir todo.
Voy a usar esta entrada para hacer un breve resumen del año. Y espero darle más continuidad al blog y poder escribir cosas prácticas (que sirvan de ayuda a alguien, y no solo de entretenimiento a un par de amigos).
El que ha sido probablemente el mayor de los aciertos desde que estoy aquí lo tuve en agosto. Me apunté a un intensivo de alemán. Más que necesario aprender el idioma. Especialmente si no tienes un título universitario que ir enseñando a los posibles empleadores. Estuve dedicándome casi en exclusiva a aprender el idioma durante un par de meses, y me cundieron muchísimo. Después de eso, podía (a trompicones) conversar en alemán.
Dejé el curso para coger un trabajo de mierda que me salió. Vigilante de sala en un museo. La muerte a pellizcos. Descubrí nuevos niveles de aburrimiento, algunos de ellos fuera de lo humanamente soportable. Para colmo me tocó una jefa de lo peor que se despacha, lo que me hizo el trabajo insufrible. Aguanté hasta mitad de febrero, cuando se acabó la exposición en la que trabajaba.
Entretanto, mediante un amigo de Múnich, cogí un minijob como traductor. Fueron pocas las tareas, pero muy bien remuneradas.
Después traté de buscar trabajo en mi campo. Pero los alemanes son lentos para estas cosas. Recibía respuestas a currículos que había echado 40 días antes. Me desesperaba. Mis calificaciones parecían no impresionar a nadie. No sabía hacia donde tirar.
En todo eso, sin comerlo ni beberlo, encontré mi camino. Sucedió así:
Mi "jefe" de Múnich me pasó un posible trabajo: traductor simultaneo en una feria de joyería. Si bien ese trabajo finalmente no cuajó, sirvió para que decidiera visitar dicha feria. Pensé que sería buena idea ver qué había allí y, de camino, ver al tipo que tenía que contratarme para ofrecerme para otras cosas. Hablando con éste, repentinamente, se me encendió la bombilla. "¿No te gustaría tener un representante en Alemania?" Le pareció una gran idea. Así que recorrí la feria buscando a los expositores españoles. A la mayoría les pareció una buena propuesta, y de entre todos, dos cuajaron y se convirtieron en mis proveedores.
Así es como terminé siendo representante. Una vez más, autónomo, dependiendo de mí mismo (es decir, con el culo al aire). Resolví mil papeles. Me entrevisté con mil personas. Me di de alta en mil sitios. Y finalmente, comencé a trabajar (bueno, lo cierto es que ya estaba trabajando antes de arreglar la burocracia, ha sido un recurso literario).
Lo malo fue el "timing". Empecé a vender en una época en la que en Alemania no se vende nada. Así que ahora mismo estoy a punto de comenzar en un trabajo a tiempo parcial para no arruinarme en verano. Espero que el otoño me traiga todo lo que promete: grandes éxitos en lo laboral.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Academia o trabajo: el huevo o la gallina

Estás en un país extranjero. Todo cuesta caro, porque es así. Pero como además no es tu entorno, a ti te cuestan las cosas especialmente caras. Eso por torpe.

Así que parece que lo primero es buscar un trabajo. Lo antes posible. Hay que generar ingresos para cubrir tanto gasto. De modo que intentas redactar una carta de presentación decente. E intentas hacerlo en alemán, para que el que la reciba no la deseche sin mirarla. Entonces te das cuenta: no sabes un carajo de alemán. Creías que sí, que al menos lo básico lo llevabas, pero es mentira. Sólo sabes pedir una cerveza y poco más.

Entonces piensas que lo que realmente necesitas es una academia. Buscas y buscas. Son caras. De 300€ al mes no bajas por un intensivo. Además en agosto son escasas las que están en funcionamiento. Casi todos los cursos empiezan en septiembre. Pero eso es demasiado esperar: ya has llegado a la conclusión de que necesitas aprender rápidamente. No hay un día que perder.

Por otro lado, no puedes dejar de buscar trabajo. Si vas a apuntarte a la academia, necesitas dinero para pagarla. Pero si estás en un intensivo de alemán, ocupas con eso al menos 4 horas diarias, así que si encuentras trabajo, no vas a poder ir al curso. Y si lo has pagado, pierdes el dinero.

¿Y entonces qué?

Pues entonces localizo una academia (Henke-Schulungen) que me hace un increíble descuento si me doy de alta como residente en el ayuntamiento. De 305€ a 120€ :D
Entonces vas al ayuntamiento y les dices que vives allí, les das una dirección y como eres ciudadano de le UE, no te ponen problema ninguno. ¡Viva Robert Schumann!

De modo que la semana que viene ich bin ein Stuttgarter oficialmente, y dentro de dos semanas comienzo a dar clases de alemán... y mientras tanto, con el corta-y-pega y mucha ayuda de Fabián me he compuesto una carta de presentación decente.

La rueda comienza a girar.

sábado, 28 de julio de 2012

Consejos e impresiones para viajar por Europa

Después de haberme hecho la pechá de kilómetros que me he hecho y de haber visitado tantas ciudades, he aprendido unas cuantas cosas que pueden ser útiles si vas a visitar esta zona.

Si no sigues el blog y has llegado aquí por un buscador o similar, te pongo al día: salí de Sevilla, pasé por Lyon, Stuttgart, Luxemburgo, Bruselas, Brujas, Gante, Utrecht y Colonia. Todo este viaje me lo he hecho en mi coche y me he alojado en albergues, camping y couchsurfing.

Lo primero, los precios de la gasolina.
Primera nota: es mucho más barata en pueblos y ciudades que en autopistas. Y llega a haber diferencias de hasta 15 céntimos por litro. Conviene desviarse para repostar.
Los precios varían de un país a otro, pero no demasiado (excepto en Luxemburgo). Más o menos, me he encontrado esto (gasolina sin plomo 95): España 1,44€/l, Francia 1,62€/l, Alemania 1,56€/l, Luxemburgo 1,39€/l, Bélgica 1,65€/l, Holanda 1,72€/l.

El límite de velocidad es en general 130 km/h.
En Alemania no hay límites en determinados tramos de autopista y en otros sí. Simplemente haz lo que veas que hacen los demás, porque donde no hay límites siempre verás gente a 180 km/h o más (a veces mucho más).
Las autopistas son gratuitas en todos sitios menos en Cataluña y Francia. En Francia viene a costar unos 8€ cada 100 km de promedio.

Es más frecuente que en España encontrar atascos en las autopistas, incluso lejos de grandes ciudades. Tenlos en cuenta para calcular los horarios. De mayor a menor número de atascos, yo hago esta clasificación: Francia, Alemania, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, España. Aún así, done más rápido se avanza es en Alemania. Donde menos, en Francia o Luxemburgo (este último tiene pocas autopistas).
En la ciudad se respetan muchos los límites de velocidad. En las autopistas no tanto.

El tabaco viene a costar unos 5€ el paquete. En Luxemburgo es más barato, aunque no demasiado.

En general hay parkímetros en todas las ciudades y son difíciles de evitar. En Utrecht es especialmente alarmante, ya que abarcan zonas muy amplias, son carísimos y llegan a funcionar también durante la noche (yo pude aparcar gratis aquí).

Comer en la calle y salir de cervezas es algo más caro que en España, pero no demasiado. De hecho, es más caro que en Sevilla, pero no que en Madrid, por ejemplo. Generalmente la cerveza (250 o 330 cl) te costará entre 1,60 y 2,20€. Para la comida la diferencia es aún menor.
En Alemania sólo algunas mujeres piden cerveza de menos de medio litro, que viene a costar entre 2,60 y 3,20€.

Todo el mundo habla inglés. Y probablemente algún tercer idioma también (quizás sea español). Aún así, agradecen cuando intentas hablar la lengua local y te contestan en la misma lengua.

Conocí en Bélgica los mapas-guía (gratuitos) de Use-it. Son muy prácticos y completos. Si tienes uno de estos, no necesitarás más guía. No sólo para monumentos, sino también dónde comer, salir, etc. Todo pensado en plan alternativo y barato (o gratuito). Bichea su web y mira si hay disponible mapa del sitio que vas a visitar.

Mi corta experiencia como couchsurfer ha sido genial. Lo recomiendo mucho. No sólo ahorras, sino que conoces buena gente.
Consiste en quedarte en casa de gente que te ofrece cobijo. Así, por la cara, como suena.
Visita la web, hazte un perfil y úsalo. Vale la pena.

Los campings están bastante bien. El ambiente no es como en España: son personas a las que les gusta el camping, no que quieren gastar menos. Los precios varían, pero yo contaría con unos 10€ por persona y noche. Ojo, necesitarás saco de dormir, aquí puede hacer frío en verano.

Si vas a ir de albergues, lleva un candado: te hará falta para las taquillas.

Ya no existen wifis abiertos en ningún sitio. Si vas a necesitar internet, preocúpate de que lo haya en el sitio donde vayas a quedarte.
Las llamadas telefónicas dentro de un país extranjero con tu móvil español salen baratas (más o menos lo mismo que llamar a tu país). No te alarmes demasiado si tienes que usar tu móvil para llamar a tu albergue o tu couchsurfer. Los mensajes pueden llegar a ser hasta más baratos que si estás en España. Usar el 3G es caro; desactiva los datos antes de llegar.
Comprar una tarjeta SIM local no siempre es sencillo: quizás tengas que registrarla en internet para que funcione.

Creo que eso es todo.

Días 13 y 14 - 25 y 26 de julio (fin del viaje)

Despertar: 7:20 y 8:30 Rumbo: Colonia y Stuttgart
Kilómetros: 626 Personas: 0
Tiempo: soleado y caluroso Ciudades: 3
Pernocta: Colonia Gasto: prefiero dejar de calcularlo

Antes de dormirme tuve la ocasión de hablar con Alexia (τέλεια συγκατοίκου μου) por Skype y Beltrán (mi hermano) por teléfono. Y como tenía bastantes ganas de hablar con ambos, a pesar de tener que susurrar por la hora que era, estuve un buen rato. Así que cuando sonó el despertador a las 7:20 estaba bien jodido.

Alex y Maryam me habían recomendado ir al Palacio de Soestdijk, así que me dirigí allí antes de abandonar Holanda. Fue un error. Primero porque estaba algo más lejos de los que había calculado y en dirección contraria. Y segundo porque me lo encontré cerrado.

Volver a tomar la autopista me llevó un buen rato. Había estado trasteando en las opciones del GPS y me costó caro.

Llegué a Colonia sobre las 14h.
Ningún couchsurfer me había dado una respuesta afirmativa, así que fui directamente al HI hostel que había localizado el día anterior. 21€ sin desayuno. Las instalaciones muy buenas y el personal amable. Además estaba situado al lado de la catedral. Lo único malo es que no tenía parking y allí es todo parkímetro y carísimo (2€ la hora).
Por confusión dejé el coche en un sitio de parkímetro y no le puse tique. No pasó nada, no me multaron. ¡Perfecto!

Otra sesión de Skype con Alexia, almuerzo rápido hecho en la cocina del albergue y a pasear por la ciudad.

Colonia no tiene nada que ver. Sólo la catedral vale la pena. Estuve un buen rato pateándome el centro y no encontré nada más de interés. No entendí por qué la guía que llevaba la pone por las nubes.

A las 19h estaba ya para el arrastre. Pero preferí seguir dándole oportunidades a la ciudad. Fue para nada.
A las 21:30 ya estaba yo en la habitación echado en la cama. Charlé un ratillo con dos brasileños que iban a compartir el cuarto conmigo. Chateé un rato por el móvil y me eché a dormir. No podía creer lo cansado que estaba.

Por la mañana me levanté temprano. Había comprendido el asunto parkímetro y quería retirar el coche antes de que comenzara la hora de pagar.

Fui a desayunar al Rheinpark y luego visité la EL-DE Haus, que la recomendaba la guía y mi amiga Samantha.
Es una antigua "comisaría" de la Gestapo, donde puedes ver las celdas, las demás instalaciones, leer las inscripciones hechas por los presos en las paredes y leer los testimonios de familiares y supervivientes. Muy interesante.
En las plantas altas tiene una exposición sobre el afloramiento y triunfo del nacismo, pero al estar entera en alemán, me enteré de poco.

De ahí a Stuttgart de vuelta. Y con muchas ganas de llegar por fin.
Fueron alrededor de 4 horas de autopista. Muchos tramos sin límites de velocidad donde vas a 150 km/h y de repente tienes un Mercedes pegado al culo pidiéndote paso.

Sobre las 17:30 llegué a "mi ciudad" y "mi casa". Algo triste por que se acabara el viaje, pero aliviado por poder descansar y establecerme.

En la casa estaba la hermana, la madre y el primo de Fabián. Esperamos a que él llegara y fuimos a tomar una cerveza al biergarten vecino. La cosa se alargó hasta más de la 1.

miércoles, 25 de julio de 2012

Días 12 y 13 - 23 y 24 de julio (lunes y martes)

Despertar: 9:30 y 7:20 Rumbo: Utrecht
Kilómetros: 190 Personas: 2
Tiempo: Soleado (hasta calor) Ciudades: 2
Pernocta: Utrecht Gasto: mucho, no sabría decir

Después del domingo, y sabiendo que abandonaba al día siguiente Bruselas, me puse el despertador, pero no demasiado temprano. No quería perder el tiempo, pero también quería descansar.

Me levanté, duché, cargué las cosas en el coche y me puse en marcha. Ni un minuto que perder.
Antes de dejar Bruselas quería ver la zona de las administraciones de la unión europea. Y una vez vistas os puedo decir una cosa: os la podéis saltar, no hay nada que ver. Si vais a estar mucho tiempo allí, vale, pero dejar algo o perder tiempo allí es "pa na".

Antes de ponerme en ruta quise repostar, lo cual resultó un parto, cagontó!!!
De entrada se negaron a cambiarme el billete de 200€ que tenía. Busqué un banco. Le pagué por 30€ pero la máquina me echó 29,70€ (parece que el dependiente se quería cobrar una comisión a mi costa). Entré para reclamarle eso y la diferencia de precio entre el cartel y el que me habían cobrado (de 1,71 a 1,68 €/l). Entre una cosa y la otra me entretuve allí 20 minutos, pero puse las cosas en su sitio. Hay piratas en to's laos, no solo en España.

Después carretera. Una vez más, crucé la frontera sin darme cuenta. Encima, como en parte se habla el mismo idioma, aún más complicado saberlo.
Paré a comer en un McDonalds y tuve que preguntarle a la dependienta en qué país estaba.

Esa noche iba a alojarme en casa de una pareja de couchsurfers. Tenía un número de teléfono (sin prefijo internacional, no sabía bien cómo llamar), una dirección y una hora. Desde el McDonalds mandé otro mensaje por la web y decidí aparecer directamente en el sitio.

Tardé poco en llegar a Utrecht. Aún quedaba un rato para la hora en cuestión, así que me di un paseo por la ciudad.
Holanda odia los coches, especialmente en los cascos urbanos, así que cuesta aparcar sin tener que pagar un huevo por ello (y cuando digo un huevo, digo zona azul de 4€ la hora). Pero, aquí un servidor, lo consiguió.
Sin plano, sin planes, simplemente vagué por las calles durante las dos horas de que disponía.

Utrecht es una pasada. El casco histórico lo tiene todo: rinconcitos, grandes edificios, bonitos jardines, tranquilidad y vidilla. Todo, en serio. Ninguna calle está desierta, y ninguna calle está atestada. Hay terrazas con gente y jardines tranquilos, calles comerciales y callejones encantadores, canales con patos y barcos con fiestas. Es una de las ciudades en las que da pena no vivir una temporada.

Cogí el coche para ir a conocer a mis nuevos "caseros". Vivían en el extrarradio, y eso me dio la oportunidad de conocer otra nueva faceta de la ciudad: no es sólo un bonito casco histórico, sino que cuenta con un parque tecnológico y un ensanche con una arquitectura muy moderna y que le da a la ciudad una nueva dimensión económica. Mis enhorabuenas a los alcaldes que han confeccionado aquello.

Alex y Maryam no esperaban ya mi visita. Al no haber llamado, no contaban conmigo, y habían estado  muy ocupados para leer el mensaje que les dejé por couchsurfing. Su piso era de nueva construcción, muy moderno, muy limpio, muy bonito. Daba gusto estar allí, hasta me daba algo de corte.

Me alojaron con una gran sonrisa y mucha timidez. Ellos estaban más nerviosos que yo, creo. De cuando en cuando se disculpaban por tener cosas que hacer y no estar conmigo. ¡Y eso que en cada pausa de su trabajo aprovechaban para cruzar unas palabras con el visitante! Yo estaba encantado de estar allí, y me parecía lo más normal del mundo que tareas.

Todos nos fuimos pronto a la cama. Maryam tenía una importante entrevista temprano al día siguiente, Alex la acompañaba y yo estaba cansado.

Como es normal, no querían que yo me quedase solo en la casa, así que tuve que despertarme para salir de ella tan pronto como Alex. A las 7:20 estaba sonando mi despertador. Me invitó a un café, dejó que me preparara un sandwich y salimos. Aproveché que estaba empecinado en llevar mi coche para dejarle en la puerta de su oficina.

Hoy tenía pensada una visita más organizada. Como tenía una guía que Maryam y Alex me habían prestado, hice un itinerario. Compré la visita a la torre del Dom, que me la pusieron a las 12 y me di un paseo.Ya casi lo había visto todo el día anterior, aunque sin saberlo.

La visita a la torre, aun sin ser el novamás, es obligada. Aparte de las pinceladas de historia de la ciudad que te da la guía, la panorámica desde lo alto es fundamental. El día estaba muy despejado y pude incluso divisar Amsterdam desde allí. Después enfilé el parque Wilhelmina, que me había recomendado Tere por facebook. Estaba "petao" de gente aprovechando uno de los primeros días de sol que habían tenido en 2 semanas. Yo me hice pasar por un lugareño, me quité la camiseta y me tiré en el cesped. Estuve allí escuchando música y fumando un porrito (estaba en Holanda, qué menos) hasta que el sol me echó. Raro que los holandeses aguantasen y el español tuviera que marchar...

De allí enfilé los puntos recomendados por la guía. Muy bonito todo, pero no hace falta guía. La ciudad es simplemente bonita, en cada rincón. Nadie tiene que decirte qué ver. Y lo más reseñable, la torre del Dom se divisa desde casi cualquier parte de la ciudad.

Como a veces me pasa, se me habían pasado las horas sin probar bocado y estaba muriendo de hambre. Hice la gran horterada de pararme en un bar de comida española. Eso decía en el cartel, pero la comida no tenía nada que ver con la nuestra. Allí comí unas extrañas albóndigas con patatas fritas y un par de cervezas. Hablé un poco con la camarera, que me confirmó que el cocinero no era español (ni probablemente nunca habría probado la comida española). No es que estuviera malo, es que simplemente no tenía nada que ver con lo nuestro.

Luego busqué el Cafe Olivier's, que supuestamente también me había recomendado Tere. Allí tomé otra cerveza (comencé a encontrarme contento). Intenté quedar con Alex para invitarle a una, pero me dijo que iba directo a casa, a esperar a Maryam que traía buenas noticias. Me alegré de que consiguiera el proyecto.

De vuelta al coche me crucé con el België Kafee, que probablemente era lo que me quería haber recomendado Tere. Pero llegaba tarde y ya había bebido suficiente. Además, Alex y Maryam me esperaban para cenar. La cena (que comí casi sin hambre debido a las albóndigas) consistió en unos noodles al curry y ensalada. A eso le siguió la cerveza de la celebración de éxitos y una agradable charla.

Supe entonces que Maryam era en realidad Iraní, a pesar de hablar fluidamente flamenco. Había llegado a los 22 años a Holanda, conocido a Alex y re-comenzado su vida allí. Tuve ocasión de conocer la impresión de alguien de mi edad que había vivido en el régimen iraní, y la de su marido, que lo había vivido en segunda persona. Interesantes historias, hacen que la vida de uno parezca un folio en blanco.

De nuevo prontito a la cama. Mañana toca madrugar de nuevo y algo de coche. Por fin vuelvo a Alemania y enfilo Stuttgart. Estoy disfrutando de esto, pero quiero volver a algún sitio que pueda llamar "casa".